sábado, 30 de julio de 2011

Hasta pronto

Temístocles Ortega Narváez
Hace como quince años, con interrupciones por diversas razones, El Liberal generosamente me ha permito aproximarme a sus lectores a través de esta columna, cuyo nombre es un homenaje a la manera como el pueblo griego alcanzó los mayores niveles de civilización de su época y aportó a la humanidad el legado maravilloso de los valores y conceptos que hacen posible creer en la posibilidad de sociedades democráticas, equitativas, incluyentes.

He contado durante este tiempo con expresiones de reconocimiento y por supuesto, también con quienes disienten, critican y hasta se enfurecen. Es la función natural de una columna. Opiniones todas igualmente respetables. Fiel a unas profundas convicciones morales, filosóficas y políticas he expresado lo que siento y creo frente a la realidad local, regional y nacional. A veces también trascendemos las fronteras. He tenido como finalidad hacer pedagogía acerca de los hechos y acontecimientos de nuestra sociedad. He querido siempre dejar una enseñanza. Seguro como lo estoy que nuestro tejido social es muy precario, que nuestro Estado es débil, ineficiente y corrupto (llegó a ser cooptado por las mafias del narcotráfico y el paramilitarismo), que nuestra democracia está lentamente en construcción, que nuestros partidos son estanterías sin mayor contenido y que necesitamos unir esfuerzos entre la gente decente de este país, para hacerle frente a todas estas deficiencias históricas, he sido critico de las realidad que vivimos en todos los niveles, tratando de despertar la conciencia colectiva y motivar a la ciudadanía a participar y a aportar en la construcción de una sociedad mejor para todos.

Tengo profunda fe en el futuro de la humanidad. Al final la vida siempre prevalecerá sobre la muerte, dijo nuestro Nobel al recibirse como tal. Creo en la capacidad del ser humano para sobreponerse a todas las dificultades, para adquirir cada día mayores niveles de desarrollo y bienestar y para realizarse como tal. He tenido en los últimos tiempos una férrea formación en las teorías universales sobre los derechos humanos, conozco su alcance y sé que avanzamos en la dirección de protegerlos y garantizarlos, así hayan todavía muchas dificultades. Comprendo también que hay que hace sacrificios por los demás. La construcción de un futuro mejor depende en buena parte, de la manera como sean cumplidos los deberes a que estamos obligados.

Diversos sectores sociales, políticos y de opinión han querido que participe nuevamente de la lucha política por la Gobernación del Cauca. No lo he buscado. Pero la política es ante todo un compromiso moral con la sociedad y yo lo he asumido desde mis tiempos de dirigente estudiantil. Voy a hacerlo con decisión, con carácter.
Sé que no hay garantías. No importa. Acepto el reto. Nada me ha sido fácil. Ello tiene más mérito. La campaña será la ocasión para reafirmarle a los caucanos que entre todos, sin distinciones, podemos enfrentar las dificultades y salir adelante. Dejo temporalmente este espacio, por mi condición de candidato, así se impone según las directivas, pero volveremos, ojalá como Gobernador, si los caucanos libremente creen que puedo liderar los cambios que necesitamos. Hasta pronto.

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