sábado, 2 de abril de 2011
De avales y terneros
Temistocles Ortega Narvaez.
temisortegan@hotmail.com
La reforma política que introdujo entre nosotros el requisito de los avales para aspirar a un cargo de elección popular, se soporta en una premisa sine quanon: La democracia interna de los partidos. Si los partidos no son democráticos la exigencia de los avales puede ser legal, pero no legítima. Y lo que no es legítimo, no puede imponerse.
A la aprobación de la reforma política, debió seguir una decidida y seria actividad de los partidos para democratizarse. Pero no fue así. Claro, hubo elección de sus directivas por consulta popular, pero ello no es suficiente. Y no lo es, no sólo porque ese fue un certamen mecánico, clientelar, sin ninguna propuesta, sino además porque los directorios elegidos carecen de funciones y de agenda. Son reuniones de amigos para repartirse el botín y nada más.
En estas circunstancias, los avales son requisitos legales que se utilizan como instrumentos de extorsión política. ”El que no obedezca y se someta, no le damos aval.” Y por eso también los candidatos responden con la misma lógica. “si no hay aval en un partido, lo consigo en otro.” La explicación salta a la vista. Si los partidos no son democráticos y no tienen reglas claras, los candidatos no tienen legítimamente por qué someterse. Porque lo que define el aval, no es el interés de la sociedad, ni de la colectividad, sino el de quien lo otorga.
Ahora, bien sabemos que nuestros partidos no son democráticos. Que la búsqueda de candidatos muchas veces, no responde al interés de encontrar un buen gobernante o de alguien que ejecute las ideas o programas de un partido, sino de quien proteja un interés particular, generalmente el interés del jefe y sus amigos, dispensador y beneficiarios de favores y honores. Por lo que esto es, finalmente lo que define a quien se otorga el aval.
Todos quisiéramos que esto no fuera así. Que los dirigentes en actos de honestidad y grandeza hicieran un alto en el camino y contribuyeran de verdad a fortalecer los partidos y la democracia. Pero esto es ingenuidad. Hoy no está en juego el futuro de Popayán y el Cauca. Eso poco importa. Lo que se debate, es quien se queda con el poder, es decir con los puestos y contratos, pues son estos los que definen las elecciones parlamentarias del 2014 y de paso, qué patrimonio se incrementa con los dineros públicos. Sólo la actitud decidida de ciudadanos y sectores que sientan lo que está sucediendo y se crean merecedores de un futuro mejor puede para esta debacle.
Por esto con el aval van a jugar con muchos. Algunos altivamente no se someterán a lo ilegítimo. Otros como se sabe, obedientes, se someterán, o protestarán de dientes para afuera, para seguir como ternero grande: mamando, pero de rodillas.
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No es hora de preguntarnos, por qué en las encuestas nacionales sobre los mejores Gobernadores, el nuestro no aparece ni en el margen de error?. A alguien le importa?
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