Temístocles Ortega Narváez
Hace como quince años, con interrupciones por diversas razones, El Liberal generosamente me ha permito aproximarme a sus lectores a través de esta columna, cuyo nombre es un homenaje a la manera como el pueblo griego alcanzó los mayores niveles de civilización de su época y aportó a la humanidad el legado maravilloso de los valores y conceptos que hacen posible creer en la posibilidad de sociedades democráticas, equitativas, incluyentes.
He contado durante este tiempo con expresiones de reconocimiento y por supuesto, también con quienes disienten, critican y hasta se enfurecen. Es la función natural de una columna. Opiniones todas igualmente respetables. Fiel a unas profundas convicciones morales, filosóficas y políticas he expresado lo que siento y creo frente a la realidad local, regional y nacional. A veces también trascendemos las fronteras. He tenido como finalidad hacer pedagogía acerca de los hechos y acontecimientos de nuestra sociedad. He querido siempre dejar una enseñanza. Seguro como lo estoy que nuestro tejido social es muy precario, que nuestro Estado es débil, ineficiente y corrupto (llegó a ser cooptado por las mafias del narcotráfico y el paramilitarismo), que nuestra democracia está lentamente en construcción, que nuestros partidos son estanterías sin mayor contenido y que necesitamos unir esfuerzos entre la gente decente de este país, para hacerle frente a todas estas deficiencias históricas, he sido critico de las realidad que vivimos en todos los niveles, tratando de despertar la conciencia colectiva y motivar a la ciudadanía a participar y a aportar en la construcción de una sociedad mejor para todos.
Tengo profunda fe en el futuro de la humanidad. Al final la vida siempre prevalecerá sobre la muerte, dijo nuestro Nobel al recibirse como tal. Creo en la capacidad del ser humano para sobreponerse a todas las dificultades, para adquirir cada día mayores niveles de desarrollo y bienestar y para realizarse como tal. He tenido en los últimos tiempos una férrea formación en las teorías universales sobre los derechos humanos, conozco su alcance y sé que avanzamos en la dirección de protegerlos y garantizarlos, así hayan todavía muchas dificultades. Comprendo también que hay que hace sacrificios por los demás. La construcción de un futuro mejor depende en buena parte, de la manera como sean cumplidos los deberes a que estamos obligados.
Diversos sectores sociales, políticos y de opinión han querido que participe nuevamente de la lucha política por la Gobernación del Cauca. No lo he buscado. Pero la política es ante todo un compromiso moral con la sociedad y yo lo he asumido desde mis tiempos de dirigente estudiantil. Voy a hacerlo con decisión, con carácter.
Sé que no hay garantías. No importa. Acepto el reto. Nada me ha sido fácil. Ello tiene más mérito. La campaña será la ocasión para reafirmarle a los caucanos que entre todos, sin distinciones, podemos enfrentar las dificultades y salir adelante. Dejo temporalmente este espacio, por mi condición de candidato, así se impone según las directivas, pero volveremos, ojalá como Gobernador, si los caucanos libremente creen que puedo liderar los cambios que necesitamos. Hasta pronto.
sábado, 30 de julio de 2011
sábado, 23 de julio de 2011
Frente común
Temístocles Ortega Narváez
Poco a poco, parsimoniosamente avanza el debate electoral que elegirá mandatarios al final de Octubre. Su desarrollo ha tenido características particulares. En ocasiones anteriores a estas alturas, en lo que respecta a la Gobernación, el clima del debate registraba varios grados de temperatura. Candidatos de diferentes tendencias e intereses hacían presencia masiva en los diferentes municipios y barrios de nuestras ciudades y las gentes de alguna manera habían tomado ya posiciones frente a las variadas alternativas. No es ese el momento actual. Hasta hoy a escasos tres meses de la jornada electoral, no hay candidatos confrontándose. Los partidos no han podido o no han querido definir sus aspirantes y por tanto asistimos a los prolegómenos de lo que será la definición de nuestro gobernante regional. Los municipios, por su parte, salvo excepciones, ya tienen definidos sus candidatos a Alcaldías y como la vida local es más acalorada e intensa, allí ya existen opciones claras para escoger.
El departamento vive unas circunstancias muy difíciles. La más preocupante y de mayor impacto en nuestra comunidad, es la confrontación armada, que decidió ocupar nuestro territorio y convertirlo en el teatro de la guerra insurgente. Todos sabemos que el manejo del orden público está en cabeza del Señor Presidente de la República y que el ejercicio de esa facultad depende de las complejas evaluaciones acerca de la situación no de un departamento sino del país en su conjunto. Pero ello no impide que en torno a esta grave situación que cobra la vida de inocentes y humildes campesinos, indígenas y moradores de nuestros áreas urbanas, y que además limita de manera grave las posibilidades de inversión y desarrollo de nuestras comunidades, los caucanos todos, asumamos posiciones y nos decidamos a contribuir en la búsqueda de soluciones.
De la guerra y la paz, se ha hablado mucho en este país. La circunstancias del prolongado y violento conflicto que nos azota, ha obligado a que en diferentes etapas de la vida nacional, diversos actores intervengan planteando sus puntos de vista. Nosotros, los caucanos, tenemos un lugar destacado entre los pueblos que han aportado a las posibilidades de paz del país. Ahí están las experiencias, exitosas unas, otras no tanto, pero al fin y al cabo, acciones por encontrar salidas al conflicto.
No podía ser de otra manera, victimas como somos de los efectos de esta guerra, permanecer callados o indiferentes sería una posición inaceptable. Tenemos y debemos actuar. Recoger las experiencias nuestras y ajenas y participar en la búsqueda de salidas es el imperativo de hoy, no podemos limitarnos a la sola descripción de lo que está pasando o a la crítica por lo que se hace o no se hace. Están matando a nuestra gente, están llenando de miedo y terror a nuestras comunidades y esto no debe continuar.
Todo esto requiere un punto de encuentro entre todos. Frente a este tema no debe haber diferencias. Todos, sin excepción, sin distinciones debemos hacer un frente común contra la guerra. Si lo hacemos, Lo demás vendrá por añadidura.
Poco a poco, parsimoniosamente avanza el debate electoral que elegirá mandatarios al final de Octubre. Su desarrollo ha tenido características particulares. En ocasiones anteriores a estas alturas, en lo que respecta a la Gobernación, el clima del debate registraba varios grados de temperatura. Candidatos de diferentes tendencias e intereses hacían presencia masiva en los diferentes municipios y barrios de nuestras ciudades y las gentes de alguna manera habían tomado ya posiciones frente a las variadas alternativas. No es ese el momento actual. Hasta hoy a escasos tres meses de la jornada electoral, no hay candidatos confrontándose. Los partidos no han podido o no han querido definir sus aspirantes y por tanto asistimos a los prolegómenos de lo que será la definición de nuestro gobernante regional. Los municipios, por su parte, salvo excepciones, ya tienen definidos sus candidatos a Alcaldías y como la vida local es más acalorada e intensa, allí ya existen opciones claras para escoger.
El departamento vive unas circunstancias muy difíciles. La más preocupante y de mayor impacto en nuestra comunidad, es la confrontación armada, que decidió ocupar nuestro territorio y convertirlo en el teatro de la guerra insurgente. Todos sabemos que el manejo del orden público está en cabeza del Señor Presidente de la República y que el ejercicio de esa facultad depende de las complejas evaluaciones acerca de la situación no de un departamento sino del país en su conjunto. Pero ello no impide que en torno a esta grave situación que cobra la vida de inocentes y humildes campesinos, indígenas y moradores de nuestros áreas urbanas, y que además limita de manera grave las posibilidades de inversión y desarrollo de nuestras comunidades, los caucanos todos, asumamos posiciones y nos decidamos a contribuir en la búsqueda de soluciones.
De la guerra y la paz, se ha hablado mucho en este país. La circunstancias del prolongado y violento conflicto que nos azota, ha obligado a que en diferentes etapas de la vida nacional, diversos actores intervengan planteando sus puntos de vista. Nosotros, los caucanos, tenemos un lugar destacado entre los pueblos que han aportado a las posibilidades de paz del país. Ahí están las experiencias, exitosas unas, otras no tanto, pero al fin y al cabo, acciones por encontrar salidas al conflicto.
No podía ser de otra manera, victimas como somos de los efectos de esta guerra, permanecer callados o indiferentes sería una posición inaceptable. Tenemos y debemos actuar. Recoger las experiencias nuestras y ajenas y participar en la búsqueda de salidas es el imperativo de hoy, no podemos limitarnos a la sola descripción de lo que está pasando o a la crítica por lo que se hace o no se hace. Están matando a nuestra gente, están llenando de miedo y terror a nuestras comunidades y esto no debe continuar.
Todo esto requiere un punto de encuentro entre todos. Frente a este tema no debe haber diferencias. Todos, sin excepción, sin distinciones debemos hacer un frente común contra la guerra. Si lo hacemos, Lo demás vendrá por añadidura.
sábado, 9 de julio de 2011
Los compromisos con la Nación
Temístocles Ortega Narváez.
Así se tituló el libro que editado hace unos años recoge los puntos de vista de la más alta intelectualidad mexicana en torno a los temas que debían convocar la atención del país para encarar los retos del futuro. Carlos Fuentes una de sus más esclarecidas mentes, con una hojeada al milenio inicia la publicación, como parte de una colección orientada a ayudar a construir más justicia, equidad, mayor presencia ciudadana, más democracia. “cuando ves que tú has votado unas cosas y se hacen otras, te entran dudas razonables acerca de si la democracia tiene que ver con la voluntad popular”, dicen en otras partes.
El título debería permanecer siempre en la mente de los pueblos y convertirse en hoja de ruta de los gobiernos. De hecho así ocurre. Pero no con la seriedad con que debiera. Claro, hay planes de gobierno, programas de candidatos, rendición de cuentas, ejercicios de control político. Pero todo muy débil, precario. Hacer soñar un pueblo, visualizar su futuro, trazarse horizontes compartidos, asumir compromisos, ejecutar acciones, evaluarlas y reprogramarse hacia adelante, no es una tarea cualquiera. No es sólo el cumplimiento de un mandato legal. Es la esencia, la razón de ser de los gobiernos; un deber moral de cada ciudadano y un derecho exigible de los pueblos.
El texto es la expresión de todo esto. Una forma de cumplir un deber ciudadano y de ejercer un derecho colectivo. Una visión y una apuesta desde la sociedad civil. Claro de una sociedad civil privilegiada, culta, con opinión. Pero igualmente seria, responsable, solidaria, progresista.
La participación de la sociedad civil en el mundo entero ya nadie la discute. Por el contrario, no se concibe comunidad alguna sin su presencia activa. El profundo concepto de derechos humanos, que universalmente inspira y permea toda actividad social o de gobierno, la hace imperativa. Esta es una tarea pendiente entre nosotros. Aquí hace falta fijar los compromisos con el Cauca. Y no es cuestión de planes, los hay seguramente. Sino de un sueño colectivo, una visión compartida, y de la confianza y garantía total de que la imaginamos y construimos entre todos. Aquí está el lugar y papel del movimiento social, que tienen en el Cauca su mayor expresión y que trabaja y lucha en medio de grandes dificultades. Adquirir vocación de poder, asumir posiciones políticas es el compromiso de hoy, porque es ahí el punto de encuentro para definir el rumbo de los caucanos todos.
***
El Gobernador me envía comunicación sobre algunas instrucciones a su gobierno en materia de contratación. Gracias. Nada nuevo. Funcionarios presionan vía contratación con ocasión del debate electoral. La gente se mantiene erguida dando lecciones de dignidad. Y contra eso no hay nada. No insistan.
La muerte se da sus propios lujos. Nos sorprendió la de Manuel José Olano, hombre decente, que sirvió al departamento con tranquila eficiencia. Popayanejo auténtico, acompasó su vida al ritmo y clima de su ciudad, a la que amó y sirvió. Abrazo solidario a toda su familia.
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