viernes, 27 de agosto de 2010

Palabras, solo palabras

Por Temístocles Ortega Narváez.
Esta es una columna más, de las muchas que se han escrito. Una opinión más de las miles pronunciadas sobre un tema que merece un tratamiento urgente y diferente, para que se vean resultados ya. Hablamos de la Seguridad de Popayán y el Cauca. No es un tema fácil. No hay soluciones mágicas. Pero lo de Popayán, es francamente alarmante. Aquí se está matando la gente a cada rato, en todas partes, por todo y por nada. De ahí que simples palabras como respuesta no son ya admisibles.
Sabemos bien, muy bien, que las estrategias hasta ahora utilizadas, no funcionaron. La inseguridad reinante lo desbordó todo. Consejos de seguridad,- término bien desgastado- redadas policiales y militares, comités ciudadanos y otros tantos instrumentos ensayados no han servido para mayor cosa. Algo más debe hacerse.
Porque una cosa si es clara. El responsable de la protección de la vida, honra y bienes es fundamentalmente el Estado, es decir las autoridades. Fundamentalmente, porque cada ciudadano y la comunidad en general deben contribuir para garantizarla.
Pero para contribuir, alguien tiene que liderar, entusiasmar, comprometer. Y ese alguien es la autoridad. Una autoridad, creíble, confiable, motivadora, inspiradora, para que nazca la esperanza, para que surjan sueños. Si esto no existe es muy difícil enfrentar y superar las dificultades. Porque voluntad seguramente hay, pero ella sola no es suficiente. Hay que repetirlo cuantas veces sea necesario: Que alguien lidere, proponga, imagine, guie para que esta ciudad se comprometa y aporte todo su potencial, que lo tiene de sobra, pero adormilado, desconocido, inutilizado.
Las cifras de homicidios y toda clase de delitos es tan alarmante que todos nos sentimos hastiados y amenazados, y quizá por eso están dadas las condiciones para involucrarnos sin exclusiones en acciones claras y concretas que ofrezcan la seguridad necesaria, para avanzar social y económicamente. Pero acciones, no palabras.
Si lo que hasta ahora se ha hecho, no ha dado los resultados esperados, hay que inventar algo diferente. Oir la gente, vincularla. Pero por favor, no sigan hablando por hablar, ni mostrándonos estadísticas, ni señalándonos un paraíso imaginario. A la gente la están matando. Esa es la dolorosa realidad.
Y lo mismo puede decirse del Departamento. Áreas urbanas como algunos barrios de Puerto Tejada, Santander de Quilichao, El Bordo están absolutamente en manos de la delincuencia, zonas rurales en Buenos Aires y Suárez otro tanto, igual en municipios del Sur, para no citar sino algunos y no considerar los problemas de orden público que todos conocemos. Ante este crudo panorama, suenan huecas expresiones bonitas y esperanzadoras. Necesitamos hechos y resultados, porque la inseguridad nos inundó todo y a todos.

Tampoco hablen tanto del contrato de recolección de basuras. Le corresponderá a los jueces suspenderlo y evitarle un enorme lío jurídico al Municipio, porque los recicladores están por fuera, contra clara jurisprudencia de la Corte Constitucional. Y porque el referendo va. Tendrán que demorar el negocio. Porque es simplemente eso: un negocio. Otro más. Como Cedelca.