TEMÍSTOCLES ORTEGA NARVÁEZ
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Lo que ocurre en el país no es de poca monta. Nos esperan largos meses de oscuro y difícil panorama en todos los campos porque podemos estar al borde de la más flagrante subversión del orden jurídico- constitucional, del orden social y del orden público. O lo que es lo mismo, tirando al traste lo poco que hemos construido de democracia.
Nos esperan meses de dura confrontación partidista. De enfrentamientos de sectores sociales y de opinión, porque no estamos asistiendo simplemente a otro proceso electoral más. No. Lo que está por definirse en términos jurídico-políticos, es si la segunda reelección implica una reforma adicional a la Constitución o se trata de una auténtica sustitución de la Carta Política.
Y por la forma como se ha realizado todo este proceso, es claro que la mesura que debe acompañar estas discusiones no parece fácil recomendar. Desde la financiación para recoger las firmas del referendo, pasando por el cambio de la pregunta –negada en la comisión primera de la Cámara-, la resolución de los impedimentos, el “voltiarepismo” autorizado, no para recomponer las fuerzas políticas, como dicen, sino para asegurar el asalto constitucional, con manzanillos sin ningún carácter, ni formación ideológica y por tanto fácilmente comprables, hasta el reparto de notarías y la donación de cajas fuertes repletas de dinero corrupto, muestran que caímos en manos de una pseudoclase política y dirigente que no se detiene ante nada. Pero que no tenemos porque admitir.
Claro que al pueblo raso, no se le puede pedir que haga estas reflexiones. Ocupado como está en sobrevivir, sin mayor educación, rebuscando por todas partes, hasta por los lados del delito, algo para llevar a sus hijos, parado días enteros haciendo cola para recibir una limosna disfrazada de política pública, no tiene tiempo, ni elementos para preguntarse qué es eso de democracia, de derechos humanos, de constitución. Como están las cosas, dirá, con tal de que tenga algo de comer, bienvenido el autoritarismo.
Como tampoco puede pedirse, análisis objetivos sobre estos temas, a quienes están disfrutando del poder. Grandes empresarios y contratistas, están felices . Los unos, porque aumentan de manera gigantesca su fortuna- lo de los bancos es una bofetada en el rostro famélico de millones de miserables en aumento-, y los otros porque al fin y al cabo, en medio de la crisis, sostienen ingresos que les permiten aún, permanecer en el nivel de clase media, sin mayor aspiración, vegetando, sin importarles mucho el rumbo del país en el mediano plazo.
Pero no hay que equivocarse. No hay términos medios. O defendemos la democracia o claudicamos ante al autoritarismo. Lo demás, son acomodos.
*** Soplan fuertes vientos de privatización por la Alcaldía. ¿Eficiencia o negociados?