TEMÍSTOCLES ORTEGA NARVÁEZ
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Si los comentarios que se oyen en esquinas, tiendas y cafés son ciertos, vivimos en una alcantarilla. Si no lo son, hay una enorme perversidad fruto de mentes desadaptadas, que le hacen un terrible mal a la de por sí maltrecha imagen del terruño.
Pero es bueno, necesario, que sobre esto, alguien, y ojalá mucha gente, diga algo. La existencia de numerosas fundaciones contratistas en diferentes niveles de la administración debe ser analizada, evaluada, controlada. Se dice por ejemplo, que muchas de ellas, son de fachada. Que los verdaderos dueños no aparecen.
Que las hay para todos los gustos. Que contratan desde la compra de palillos, hasta complejos equipos de alta tecnología. Y por supuesto toda clase de obras civiles y servicios personales. Si bien esta diversidad de objetos, ya de por sí, es altamente sospechosa, la manera, según se comenta, como ejecutan los contratos, sí que resulta nauseabunda.
Se dice, para citar sólo algunos datos, que tan pronto, estas fundaciones, contratan con el necesitado ciudadano, le advierten, que el valor del contrato no es el que figura en el documento, porque deben entregar, léase bien, el 40% a la fundación.
Algunos de los contratistas rechazan “la mordida,” pero como finalmente consiguen uno que la acepta, calculen ustedes, lo que finalmente se invierte. Esto por supuesto, es extremadamente grave, es un delito, es criminal. ¡Pero atérrense! ¡Todavía es peor! En los casos en que los contratistas reciben un anticipo, como ocurre en algunos contratos, Vuelvan a leer bien: Lo llaman a la casa, para que devuelvan, como coima, el anticipo.
Esta práctica, propia de bandidos de la peor ralea, dicen, se ha vuelto ya absolutamente obligante. Nadie puede intentar contratar, con algunas entidades, si no se somete a ella. Quien pretenda competir en condiciones normales, por las vías legales, no tiene nada que hacer. La consigna es clara y contundente: o se corrompe o no contrata.
Y son muchos, pero muchos los comentarios que al respecto se escuchan por todas partes. Cómo sería de bueno, que las entidades oficiales, motu propio, decidan publicar en alguno de sus boletines, una lista completa de las contrataciones (se trata de nuestro dinero) que también podemos obtener, vía derecho de petición. Aunque como van las cosas, es de tal magnitud, tan gigantesco el nivel de corrupción de que se habla, que muchos de los afectados y hasta de los “beneficiarios” quieren sacudirse del lodo que los está asfixiando. Y comienzan a hablar. Armense de valor y cuéntenlo todo por favor.