sábado, 18 de diciembre de 2010

Hoy por ti...

Temístocles Ortega Narváez
temisortegan@hotmail.com

No pronunciarse sobre la difícil situación que padecen miles y miles de compatriotas con ocasión del inclemente invierno que nos azota, quizá sea una omisión no perdonable. Hay que sumarse con cuanto nos sea posible a los esfuerzos que tanto gobiernos, como organizaciones sociales y particulares están haciendo para superar el dolor, angustia y desesperanza de los damnificados, a quienes además, la época navideña, asumida como símbolo de alegría y celebración, agrega un fuerte impacto sobre el ánimo, entusiasmo y fe, tan necesarios para sobreponerse a la tragedia. Sobre todo en los niños, para quienes definitivamente están creadas estas festividades decembrinas.

Hay pues que acompañarlos, con afecto, calor humano y solidaridad concreta, expresada en algún aporte para paliar sus necesidades materiales. Hacia adelante, ya se encargaran los órganos de gobierno, como lo han dicho, de los programas para estabilizar su desarrollo.

Nos corresponde también, como debemos hacerlo con todas la cosas, extraer lecciones para el futuro. Pero lecciones de verdad. Porque si bien es cierto que la ola invernal tiene dimensiones gigantescas, también lo es que, poco, muy poco, hacemos como gobiernos, comunidades o personas, para implementar acciones preventivas que eviten la ocurrencia de tantos y tan graves estragos, como los que ahora padecemos.
Claro, nosotros en este, como en muchos aspectos, individual y socialmente, no tenemos cultura de la prevención. Hasta pisamos los terrenos de la irresponsabilidad. Por eso, nos suceden hechos tan graves como los que estamos viendo. Los hemos padecido muchas veces. Y con pesar hay que decirlo, continuarán. Porque, de un lado, no aprendemos. No asimilamos las experiencias. Del otro, como hay pobreza, marginalidad y carencia de educación, las condiciones para prevenir situaciones como estas, no existen. Si a eso se agrega, que gobiernos y entidades con competencia frente a estos temas, no tienen ni la capacidad presupuestal, técnica y operativa, ni el compromiso para estudiarlos, diagnosticarlos y tratarlos, la situación se torna muy complicada, pues temas de esta magnitud, ligados a variables, como el cambio climático, que nosotros no controlamos, nos condenan a seguir padeciendo estos fenómeno sin mayores expectativas de resolverlos. Podemos manejarlos, pero asumiendo una nueva conciencia y una nueva actitud.

Hay que aprender, aunque sea, desafortunadamente a fuerza de estos dolorosos golpes. Pero hay que hacerlo. Porque además de los efectos negativos ya conocidos, existen otros que inciden gravemente el desarrollo futuro de los pueblos. Baste decir, que por ejemplo, planes que gobiernos de todos los niveles tenían proyectados, deben ceder lugar, para adelantar los procesos de atención y reconstrucción de vastos territorios y poblaciones en buena parte del país. Adelantarlos con visión de futuro, es el reto de autoridades y comunidades, para crear una sólida infraestructura productiva y social, que garantice un desarrollo humano sostenibley no limitarnos a la sola reconstrucción, como hasta ahora mediana y repetidamente lo hemos hecho.
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A todos nuestros lectores, los mejores deseos por una navidad feliz rodeados del afecto de familiares y amigos.