sábado, 26 de marzo de 2011

La muerte de una jueza

Temístocles Ortega Narváez
temisortegan@hotmail.com


Nuevamente la justicia colombiana y la sociedad en general han sido sacudidas con lamuerte de una jueza. Hecho que entre nosotros no parece tener mucha relevancia. Estamos acostumbrados, lamentablemente, a tantas muertes todos los días, que una más, poco importa.Es simplemente eso, una muerte más. Como las de los tres líderes de las organizaciones sociales que luchan por la recuperación de sus tierras o de las que ya, con preocupante frecuencia, ocurren en nuestro propio solar. También poco importan. Hemos descendido demasiado bajo. Si la vida no tiene ningún valor, nada bueno podremos esperar. Años y años de muerte unos contra otros, miles y miles de muertos por todas partes, generaron tanta insensibilidad que aquí todo se admite y se tolera.

Por eso, aceptamos y prohijamos todos los males: Una clase dirigente política corrupta e ignorante. Una clase dirigente en los sectores productivos mezquina y carente de grandeza, una burocracia mediocre y sin compromiso, unos sectores medios de la población pusilánimes y vergonzantemente acomodados y sectores populares que en medio de su desgracia, son convertidos en áulicos y serviles. En lo que estamos todos. Sí, porque una rápida radiografía de nuestro tejido social, nos muestra una variopinta imagen de siervos, genuflexos y mendigos.

Claro no todo es absoluto. En la sociedad hay gente digna, decente, comprometida, luchadora. Gente que no se deja contagiar y hace un enorme esfuerzo por no perderse en la maraña oscura, en la que se amparan los pocos que aprovechan algún status temporal o se sirven de la falta de cohesión y acción de la gente buena. Gente que tiene la obligación ya de encontrarse, organizarse y actuar.

Y la falta de unión de la gente decente y trabajadora, permite, que actúen a sus anchas los delincuentes y vivos de todos los pelambres. La falta de reacción del grueso de la sociedad, facilita que ocurran todas estas cosas e impide que se produzcan los cambios deseados y de los que, tanto se habla en estas épocas de campañas, hasta ahora, mediocres y chistosas.

Ayer tocó a la jueza que investigaba los casos aberrantes, cuyos autores parecen amparados poderosamente. No advertimos la gravedad del hecho. Los jueces de hoy, no son los de ayer. Antes resolvían los conflictos entre individuos y entre estos y el Estado. Hoy son verdaderos garantes de derechos. Algunos retardatarios hablan del gobierno de los jueces, soslayando amenazantes su función trascendente.

En el derecho moderno, bien podríamos prescindir de leyes, ordenanzas y decretos. Con la sola Constitución nos basta y sobra. Allí están todos nuestros deberes y derechos. Y No para simplemente leerlos y añorarlos. Sino para cumplirlos, exigirlos y ejercerlos. Ese es el papel trascendente hoy de los jueces. Por eso cuando los Gobiernos no garantizan los derechos plenamente, los jueces de encargan de realizarlos. No es entonces, el Gobierno de los Jueces. Es el Gobierno de la Constitución.Cuando se mata un juez, se mata La Constitución. Solidaridad con los jueces de la República.