Por Temístocles Ortega Narváez.
Esta es una columna más, de las muchas que se han escrito. Una opinión más de las miles pronunciadas sobre un tema que merece un tratamiento urgente y diferente, para que se vean resultados ya. Hablamos de la Seguridad de Popayán y el Cauca. No es un tema fácil. No hay soluciones mágicas. Pero lo de Popayán, es francamente alarmante. Aquí se está matando la gente a cada rato, en todas partes, por todo y por nada. De ahí que simples palabras como respuesta no son ya admisibles.
Sabemos bien, muy bien, que las estrategias hasta ahora utilizadas, no funcionaron. La inseguridad reinante lo desbordó todo. Consejos de seguridad,- término bien desgastado- redadas policiales y militares, comités ciudadanos y otros tantos instrumentos ensayados no han servido para mayor cosa. Algo más debe hacerse.
Porque una cosa si es clara. El responsable de la protección de la vida, honra y bienes es fundamentalmente el Estado, es decir las autoridades. Fundamentalmente, porque cada ciudadano y la comunidad en general deben contribuir para garantizarla.
Pero para contribuir, alguien tiene que liderar, entusiasmar, comprometer. Y ese alguien es la autoridad. Una autoridad, creíble, confiable, motivadora, inspiradora, para que nazca la esperanza, para que surjan sueños. Si esto no existe es muy difícil enfrentar y superar las dificultades. Porque voluntad seguramente hay, pero ella sola no es suficiente. Hay que repetirlo cuantas veces sea necesario: Que alguien lidere, proponga, imagine, guie para que esta ciudad se comprometa y aporte todo su potencial, que lo tiene de sobra, pero adormilado, desconocido, inutilizado.
Las cifras de homicidios y toda clase de delitos es tan alarmante que todos nos sentimos hastiados y amenazados, y quizá por eso están dadas las condiciones para involucrarnos sin exclusiones en acciones claras y concretas que ofrezcan la seguridad necesaria, para avanzar social y económicamente. Pero acciones, no palabras.
Si lo que hasta ahora se ha hecho, no ha dado los resultados esperados, hay que inventar algo diferente. Oir la gente, vincularla. Pero por favor, no sigan hablando por hablar, ni mostrándonos estadísticas, ni señalándonos un paraíso imaginario. A la gente la están matando. Esa es la dolorosa realidad.
Y lo mismo puede decirse del Departamento. Áreas urbanas como algunos barrios de Puerto Tejada, Santander de Quilichao, El Bordo están absolutamente en manos de la delincuencia, zonas rurales en Buenos Aires y Suárez otro tanto, igual en municipios del Sur, para no citar sino algunos y no considerar los problemas de orden público que todos conocemos. Ante este crudo panorama, suenan huecas expresiones bonitas y esperanzadoras. Necesitamos hechos y resultados, porque la inseguridad nos inundó todo y a todos.
Tampoco hablen tanto del contrato de recolección de basuras. Le corresponderá a los jueces suspenderlo y evitarle un enorme lío jurídico al Municipio, porque los recicladores están por fuera, contra clara jurisprudencia de la Corte Constitucional. Y porque el referendo va. Tendrán que demorar el negocio. Porque es simplemente eso: un negocio. Otro más. Como Cedelca.
viernes, 27 de agosto de 2010
viernes, 20 de agosto de 2010
El Maestro
Por Temìstocles Ortega Narváez
temisortegan@hotmail.com
Siento una profunda tristeza. Se ha ido uno de los grandes. Pero no quiero esta vez simplemente sumarme a los merecidos homenajes al Maestro.
Tuve oportunidad de repetirle en vida, lo grande que fue y lo que significó para el humanismo, la intelectualidad y la juridicidad colombiana. La última vez, con ocasión de su designación como conjuez de la Corte Constitucional, en el Paraninfo Caldas.
Quisiera aproximarme desde otra óptica al significado de su vida y legado. Preguntarme por ejemplo, si su sacrificio, amor y esfuerzo por formar mujeres y hombres dignos y libres fue valorado y fructífero. Si aró en el desierto, como en la conocida frase, porque sus enseñanzas no alcanzaron a moldear los seres humanos que el país demanda, o si por el contrario, ellas entregaron a la sociedad profesionales con clara conciencia de su papel transformador ante una realidad social injusta, inequitativa, excluyente. Cuántos de sus discípulos, en la práctica, que es lo que importa, asimilamos algo del ejemplo de una vida admirable que tuvimos el privilegio de conocer, compartir y disfrutar. Cuánto aprendimos de su enriquecedora existencia y cuánto de ello practicamos.
Cuántos creemos que una vida austera, disciplinada, entregada al estudio y análisis de los problemas sociales, comprometida con los más débiles, es el paradigma a seguir y que valores como la amistad, la honestidad, la dignidad deben conservarse por encima de las veleidades del poder y las apariencias sociales.
La realidad social es muy diferente de la vida universitaria. Esta es alegre, descomplicada y aún irresponsable. Aquella es cruda, alienante y hasta cruel, nos repetía, como preparándonos para enfrentar el reto y para no claudicar como profesionales, ante la primera dificultad o halago que nos planteara el mundo.
En diálogos con el maestro, a pesar de su infinita bondad, rasgo del humanista que fue, se notaba un halo de frustración frente al papel de discípulos que logrando cierto nivel de dirección en la política o en el Estado, feble servicio prestan a la necesidad de construir una sociedad más justa e igualitaria, como la concibió desde su vocación académica y su postura de marxista profundo y romántico.
Así como actualmente la capacitación ofrecida a servidores públicos, sólo la aprovechan para burlar la ley, antes que para cumplirla, muchos de sus alumnos abrevaban en sus fuentes dialécticas, no para transformar, sino para servir mejor los intereses del establecimiento.
Ernesto Saa, maestro y amigo. Pruebas al canto. Siendo Gobernador me dijo al teléfono “Te habla Ernesto Saa Velasco, el mejor constitucionalista que tiene este país y por tanto, un ciudadano que respeta las instituciones, así estén en manos de un ignorante como tú”. Hola Maestro, respondí: Ya le trasladé a su tía. Y por supuesto, un sonoro madrazo retumbó al otro lado de la línea. Como nos deben resonar sus sabias enseñanzas, para decidirnos a cambiar tanta injusticia y podredumbre, como lo intentó desde su débil figura “toda de negro hasta los pies vestida”. Sería el verdadero homenaje.
temisortegan@hotmail.com
Siento una profunda tristeza. Se ha ido uno de los grandes. Pero no quiero esta vez simplemente sumarme a los merecidos homenajes al Maestro.
Tuve oportunidad de repetirle en vida, lo grande que fue y lo que significó para el humanismo, la intelectualidad y la juridicidad colombiana. La última vez, con ocasión de su designación como conjuez de la Corte Constitucional, en el Paraninfo Caldas.
Quisiera aproximarme desde otra óptica al significado de su vida y legado. Preguntarme por ejemplo, si su sacrificio, amor y esfuerzo por formar mujeres y hombres dignos y libres fue valorado y fructífero. Si aró en el desierto, como en la conocida frase, porque sus enseñanzas no alcanzaron a moldear los seres humanos que el país demanda, o si por el contrario, ellas entregaron a la sociedad profesionales con clara conciencia de su papel transformador ante una realidad social injusta, inequitativa, excluyente. Cuántos de sus discípulos, en la práctica, que es lo que importa, asimilamos algo del ejemplo de una vida admirable que tuvimos el privilegio de conocer, compartir y disfrutar. Cuánto aprendimos de su enriquecedora existencia y cuánto de ello practicamos.
Cuántos creemos que una vida austera, disciplinada, entregada al estudio y análisis de los problemas sociales, comprometida con los más débiles, es el paradigma a seguir y que valores como la amistad, la honestidad, la dignidad deben conservarse por encima de las veleidades del poder y las apariencias sociales.
La realidad social es muy diferente de la vida universitaria. Esta es alegre, descomplicada y aún irresponsable. Aquella es cruda, alienante y hasta cruel, nos repetía, como preparándonos para enfrentar el reto y para no claudicar como profesionales, ante la primera dificultad o halago que nos planteara el mundo.
En diálogos con el maestro, a pesar de su infinita bondad, rasgo del humanista que fue, se notaba un halo de frustración frente al papel de discípulos que logrando cierto nivel de dirección en la política o en el Estado, feble servicio prestan a la necesidad de construir una sociedad más justa e igualitaria, como la concibió desde su vocación académica y su postura de marxista profundo y romántico.
Así como actualmente la capacitación ofrecida a servidores públicos, sólo la aprovechan para burlar la ley, antes que para cumplirla, muchos de sus alumnos abrevaban en sus fuentes dialécticas, no para transformar, sino para servir mejor los intereses del establecimiento.
Ernesto Saa, maestro y amigo. Pruebas al canto. Siendo Gobernador me dijo al teléfono “Te habla Ernesto Saa Velasco, el mejor constitucionalista que tiene este país y por tanto, un ciudadano que respeta las instituciones, así estén en manos de un ignorante como tú”. Hola Maestro, respondí: Ya le trasladé a su tía. Y por supuesto, un sonoro madrazo retumbó al otro lado de la línea. Como nos deben resonar sus sabias enseñanzas, para decidirnos a cambiar tanta injusticia y podredumbre, como lo intentó desde su débil figura “toda de negro hasta los pies vestida”. Sería el verdadero homenaje.
domingo, 15 de agosto de 2010
Asimilar las experiencias
Por Temìstocles Ortega Narvàez
temisortegan@hotmail.com
Ya aparecen voces y movimientos relacionados con las próximos gobernantes locales y regionales. En diferentes municipios del Cauca y en la ciudad capital se ponen a “sonar”, nombres de posibles aspirantes. Algunos se acercan a esos temas con el interés ciudadano por el futuro de pueblos y ciudades. Otros, porque prácticamente viven de la actividad política y esperan cada elección para jugar como siempre. De todo hay.
Visto lo que ha sucedido en el pasado bien podría decirse que la competencia por Alcaldías y Gobernaciones termina polarizándose en dos bandos opcionados, más otras alternativas, que si bien son importantes, no aparecen con mayor probabilidad. A menos que se consoliden y tengan la capacidad de colarse por el medio y salirse con la suya. Casos se han visto.
Esta es por supuesto la parte mecánica de la política. Porque en cuanto a la naturaleza y contenido de las propuestas, las cosas son diferentes. En este sentido, generalmente el panorama plantea una confrontación entre sectores progresistas, conformados por partidos y movimientos de izquierda, grupos sociales, independientes y demócratas de un lado; y del otro, los partidos políticos tradicionales, agrupados de diverso modo, dependiendo fundamentalmente de la forma como se reparte la burocracia local y nacional.
El resultado, salvo contadas excepciones, es el mismo. Dada la situación de pobreza e incultura política que caracteriza el departamento, los procesos electorales terminan determinados por el monto del dinero invertido y el reparto de puestos y contratos. Por eso no hay ningún cambio. Y descontada la presencia de nuevos nombres o personas, los gobiernos son, en el fondo y en la práctica, los mismos. Nada se modifica. La historia se repite una y mil veces.
En esta ocasión y ante el inicio de un nuevo gobierno hay que considerar que la forma como se plantee el poder nacional en lo territorial, juega también un papel importante, en tanto que como ya lo dijimos, los acuerdos entre los partidos tradicionales, que son los mayores electores, están signados por el tratamiento en dicho reparto.
Ahora, si hubiesen verdaderos partidos, definidos ideológica, programática y organizativamente las alianzas ofrecerían a los ciudadanos la posibilidad de conocer el proyecto de ciudad o de departamento que proponen, pero bien sabemos que son los intereses personales y particularmente de los “jefes” los que terminan imponiendo candidato y condiciones.
Ante estas realidades, lo que debe ensayarse es una movilización ciudadana, desprovista de ataduras partidistas, que recogiendo la experiencia de tantos años de ejercicio electoral mecánico y mezquino, se plantee los verdaderos problemas de la ciudad y del departamento, desde una perspectiva generosa y amplia, para que a la búsqueda de soluciones se incorporen todos los sectores sociales, de modo tal que cada quien sienta que contribuye a construir su futuro.
El problema social está allí, igual o peor, no asimilar las lecciones recibidas e insistir en lo mismo, es permitir que, como tantas veces, nos elijan a cualquier obediente burócrata como gobernante. Y Gobernar es otra cosa.
temisortegan@hotmail.com
Ya aparecen voces y movimientos relacionados con las próximos gobernantes locales y regionales. En diferentes municipios del Cauca y en la ciudad capital se ponen a “sonar”, nombres de posibles aspirantes. Algunos se acercan a esos temas con el interés ciudadano por el futuro de pueblos y ciudades. Otros, porque prácticamente viven de la actividad política y esperan cada elección para jugar como siempre. De todo hay.
Visto lo que ha sucedido en el pasado bien podría decirse que la competencia por Alcaldías y Gobernaciones termina polarizándose en dos bandos opcionados, más otras alternativas, que si bien son importantes, no aparecen con mayor probabilidad. A menos que se consoliden y tengan la capacidad de colarse por el medio y salirse con la suya. Casos se han visto.
Esta es por supuesto la parte mecánica de la política. Porque en cuanto a la naturaleza y contenido de las propuestas, las cosas son diferentes. En este sentido, generalmente el panorama plantea una confrontación entre sectores progresistas, conformados por partidos y movimientos de izquierda, grupos sociales, independientes y demócratas de un lado; y del otro, los partidos políticos tradicionales, agrupados de diverso modo, dependiendo fundamentalmente de la forma como se reparte la burocracia local y nacional.
El resultado, salvo contadas excepciones, es el mismo. Dada la situación de pobreza e incultura política que caracteriza el departamento, los procesos electorales terminan determinados por el monto del dinero invertido y el reparto de puestos y contratos. Por eso no hay ningún cambio. Y descontada la presencia de nuevos nombres o personas, los gobiernos son, en el fondo y en la práctica, los mismos. Nada se modifica. La historia se repite una y mil veces.
En esta ocasión y ante el inicio de un nuevo gobierno hay que considerar que la forma como se plantee el poder nacional en lo territorial, juega también un papel importante, en tanto que como ya lo dijimos, los acuerdos entre los partidos tradicionales, que son los mayores electores, están signados por el tratamiento en dicho reparto.
Ahora, si hubiesen verdaderos partidos, definidos ideológica, programática y organizativamente las alianzas ofrecerían a los ciudadanos la posibilidad de conocer el proyecto de ciudad o de departamento que proponen, pero bien sabemos que son los intereses personales y particularmente de los “jefes” los que terminan imponiendo candidato y condiciones.
Ante estas realidades, lo que debe ensayarse es una movilización ciudadana, desprovista de ataduras partidistas, que recogiendo la experiencia de tantos años de ejercicio electoral mecánico y mezquino, se plantee los verdaderos problemas de la ciudad y del departamento, desde una perspectiva generosa y amplia, para que a la búsqueda de soluciones se incorporen todos los sectores sociales, de modo tal que cada quien sienta que contribuye a construir su futuro.
El problema social está allí, igual o peor, no asimilar las lecciones recibidas e insistir en lo mismo, es permitir que, como tantas veces, nos elijan a cualquier obediente burócrata como gobernante. Y Gobernar es otra cosa.
viernes, 6 de agosto de 2010
Un nuevo gobierno
Por Temístocles Ortega Narváez
temisortegan@hotmail.com
Como es apenas natural el inicio de un nuevo gobierno genera expectativas. Para la historia y el análisis quedan los hechos del anterior. No obstante la complejidad de la situación colombiana, lo ocurrido en estos ocho años y la agenda pendiente por resolver, millones de compatriotas anidan la esperanza de mejorar sus condiciones de vida. Otros por el contrario, son absolutamente escépticos y predicen, no sólo que nada nuevo ocurrirá, sino que la situación puede empeorar. Ejercicio democrático, por lo menos en cuanto a la posibilidad de especular.
Logros o fracasos del gobierno que culminó están a la vista. Mirando hacia adelante, son variados los campos en los que todos quisiéramos que el país avanzará, ojala velozmente. Los temas sociales como el empleo, la salud, la educación, vivienda, el campo, urgen políticas audaces, como mejorar y dinamizar las relaciones con nuestros vecinos y la comunidad internacional, para la fluidez de un comercio equilibrado, en un marco de cooperación respetuoso y fructífero.
El Presidente Santos tiene un largo recorrido en el servicio público y la formación suficiente como para adelantar una exitosa obra de gobierno. Ello dependerá de sus efectos concretos sobre la vida misma de los colombianos. Sobre todo de los más pobres. De crear condiciones para una sociedad más igualitaria, equitativa y democrática y en general para hacer realidad los valores, principios y normas de la Carta Política.
Escoger sus colaboradores es una de las más importantes decisiones de cualquier gobernante. La impresión que causa el gabinete presidencial, es la de que se trata de mujeres y hombres con conocimiento y experiencia. Un equipo que ofrece confianza. En tiempos difíciles, como los nuestros, ello es necesario. Se espera decisión para gobernar en favor de los humildes y de las clases medias, hoy marginadas.
Independientemente de la orilla ideológica o política a la que se pertenezca, todos deberíamos desear que acierte. Y contribuir a ello. Entendiendo que se aporta a un gobierno, no solamente siendo parte de él, o apoyándolo a ultranza. También criticando, porque nadie está exento de errores. Bien sabemos que no puede haber democracia sin oposición.
En nuestro medio esperamos superar las condiciones de violencia que aún son difíciles, reconstruir el tejido social fracturado por la imposibilidad de aceptarnos como étnica y culturalmente diversos, consolidar nuestro aparato productivo para explotar a favor de nuestras gentes la riqueza natural y abrir oportunidades para todos.
***
Empleados de la Secretaría de Educación Departamental, algunos conocidos, con quienes he trabajado, a raíz de columna anterior, haciéndose destinatarios de conceptos que nada tienen que ver con ellos, en actitud de respaldo como ocurre en todas partes y con todos los jefes, repiten el sentido de comunicación de la Secretaria y me envían un oficio, afirmando que no hay clientelismo ni politiquería. Gracias. Alguien creerá. No estamos para discutir lo obvio.
***
¿Saben cuánto vale el contrato de recolección de basuras de Popayán? Más de ciento veinte mil millones de pesos. A quien importa?
temisortegan@hotmail.com
Como es apenas natural el inicio de un nuevo gobierno genera expectativas. Para la historia y el análisis quedan los hechos del anterior. No obstante la complejidad de la situación colombiana, lo ocurrido en estos ocho años y la agenda pendiente por resolver, millones de compatriotas anidan la esperanza de mejorar sus condiciones de vida. Otros por el contrario, son absolutamente escépticos y predicen, no sólo que nada nuevo ocurrirá, sino que la situación puede empeorar. Ejercicio democrático, por lo menos en cuanto a la posibilidad de especular.
Logros o fracasos del gobierno que culminó están a la vista. Mirando hacia adelante, son variados los campos en los que todos quisiéramos que el país avanzará, ojala velozmente. Los temas sociales como el empleo, la salud, la educación, vivienda, el campo, urgen políticas audaces, como mejorar y dinamizar las relaciones con nuestros vecinos y la comunidad internacional, para la fluidez de un comercio equilibrado, en un marco de cooperación respetuoso y fructífero.
El Presidente Santos tiene un largo recorrido en el servicio público y la formación suficiente como para adelantar una exitosa obra de gobierno. Ello dependerá de sus efectos concretos sobre la vida misma de los colombianos. Sobre todo de los más pobres. De crear condiciones para una sociedad más igualitaria, equitativa y democrática y en general para hacer realidad los valores, principios y normas de la Carta Política.
Escoger sus colaboradores es una de las más importantes decisiones de cualquier gobernante. La impresión que causa el gabinete presidencial, es la de que se trata de mujeres y hombres con conocimiento y experiencia. Un equipo que ofrece confianza. En tiempos difíciles, como los nuestros, ello es necesario. Se espera decisión para gobernar en favor de los humildes y de las clases medias, hoy marginadas.
Independientemente de la orilla ideológica o política a la que se pertenezca, todos deberíamos desear que acierte. Y contribuir a ello. Entendiendo que se aporta a un gobierno, no solamente siendo parte de él, o apoyándolo a ultranza. También criticando, porque nadie está exento de errores. Bien sabemos que no puede haber democracia sin oposición.
En nuestro medio esperamos superar las condiciones de violencia que aún son difíciles, reconstruir el tejido social fracturado por la imposibilidad de aceptarnos como étnica y culturalmente diversos, consolidar nuestro aparato productivo para explotar a favor de nuestras gentes la riqueza natural y abrir oportunidades para todos.
***
Empleados de la Secretaría de Educación Departamental, algunos conocidos, con quienes he trabajado, a raíz de columna anterior, haciéndose destinatarios de conceptos que nada tienen que ver con ellos, en actitud de respaldo como ocurre en todas partes y con todos los jefes, repiten el sentido de comunicación de la Secretaria y me envían un oficio, afirmando que no hay clientelismo ni politiquería. Gracias. Alguien creerá. No estamos para discutir lo obvio.
***
¿Saben cuánto vale el contrato de recolección de basuras de Popayán? Más de ciento veinte mil millones de pesos. A quien importa?
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