Temístocles Ortega Narváez
temisortegan@hotmail.com
No pronunciarse sobre la difícil situación que padecen miles y miles de compatriotas con ocasión del inclemente invierno que nos azota, quizá sea una omisión no perdonable. Hay que sumarse con cuanto nos sea posible a los esfuerzos que tanto gobiernos, como organizaciones sociales y particulares están haciendo para superar el dolor, angustia y desesperanza de los damnificados, a quienes además, la época navideña, asumida como símbolo de alegría y celebración, agrega un fuerte impacto sobre el ánimo, entusiasmo y fe, tan necesarios para sobreponerse a la tragedia. Sobre todo en los niños, para quienes definitivamente están creadas estas festividades decembrinas.
Hay pues que acompañarlos, con afecto, calor humano y solidaridad concreta, expresada en algún aporte para paliar sus necesidades materiales. Hacia adelante, ya se encargaran los órganos de gobierno, como lo han dicho, de los programas para estabilizar su desarrollo.
Nos corresponde también, como debemos hacerlo con todas la cosas, extraer lecciones para el futuro. Pero lecciones de verdad. Porque si bien es cierto que la ola invernal tiene dimensiones gigantescas, también lo es que, poco, muy poco, hacemos como gobiernos, comunidades o personas, para implementar acciones preventivas que eviten la ocurrencia de tantos y tan graves estragos, como los que ahora padecemos.
Claro, nosotros en este, como en muchos aspectos, individual y socialmente, no tenemos cultura de la prevención. Hasta pisamos los terrenos de la irresponsabilidad. Por eso, nos suceden hechos tan graves como los que estamos viendo. Los hemos padecido muchas veces. Y con pesar hay que decirlo, continuarán. Porque, de un lado, no aprendemos. No asimilamos las experiencias. Del otro, como hay pobreza, marginalidad y carencia de educación, las condiciones para prevenir situaciones como estas, no existen. Si a eso se agrega, que gobiernos y entidades con competencia frente a estos temas, no tienen ni la capacidad presupuestal, técnica y operativa, ni el compromiso para estudiarlos, diagnosticarlos y tratarlos, la situación se torna muy complicada, pues temas de esta magnitud, ligados a variables, como el cambio climático, que nosotros no controlamos, nos condenan a seguir padeciendo estos fenómeno sin mayores expectativas de resolverlos. Podemos manejarlos, pero asumiendo una nueva conciencia y una nueva actitud.
Hay que aprender, aunque sea, desafortunadamente a fuerza de estos dolorosos golpes. Pero hay que hacerlo. Porque además de los efectos negativos ya conocidos, existen otros que inciden gravemente el desarrollo futuro de los pueblos. Baste decir, que por ejemplo, planes que gobiernos de todos los niveles tenían proyectados, deben ceder lugar, para adelantar los procesos de atención y reconstrucción de vastos territorios y poblaciones en buena parte del país. Adelantarlos con visión de futuro, es el reto de autoridades y comunidades, para crear una sólida infraestructura productiva y social, que garantice un desarrollo humano sostenibley no limitarnos a la sola reconstrucción, como hasta ahora mediana y repetidamente lo hemos hecho.
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A todos nuestros lectores, los mejores deseos por una navidad feliz rodeados del afecto de familiares y amigos.
sábado, 18 de diciembre de 2010
viernes, 10 de diciembre de 2010
Obliguémoslos a pensar
Por Temístocles Ortega Narváez
temisortegan@hotmail.com
Ejercer el poder no es nada fácil. La complejidad de la condición humana lo dificulta. La carencia o precariedad de valores en la sociedad lo obstaculiza. Las imposiciones del sistema al que se pertenece elimina o reduce enormemente la capacidad de maniobra. Todo o casi todo se confabula para que su ejercicio sea nulo o poco útil. “El poder para qué”, dijo un ex presidente. Quizá tenía razón. Porque la historia nos muestra que los avances en los temas que realmente importan son mínimos. Parece que el poder se ejerce para mantener el statu quo. Para que nada cambie. Por ello la gente se desencanta. Y cada quien se las arregla como puede. Hasta pierde la fe. Lo grave de esto es que, al fin y al cabo, alguien tiene que ejercerlo, y si quien lo hace, no tiene compromiso honesto y real con las transformaciones que toda sociedad demanda, sencillamente las comunidades se estancan, atrasan, se rezagan.
Algo así debe pasar entre nosotros. Definitivamente, elegir para que todo siga igual no tiene sentido. Sí los elegidos no arriesgan, no imaginan, nuestra actual estructura política e institucional no está diseñada para producir cambios significativos. Las circunstancias económicas y sociales de hoy, no tienen por qué modificarse sustancialmente. Nada se hace para que ello ocurra. Por el contrario, el estado de cosas, se reproduce indefinidamente y genera por tanto mayores desequilibrios e inequidad.
Se hace necesario hablar claro. Muchas instituciones, empezando por los entes territoriales, no son hoy factor de desarrollo. Por lo menos no, como el incremento de los problemas lo demanda. El centralismo es exagerado. Todo hay que pedirlo hasta la humillación, en Bogotá. Y no se trata solamente de recursos financieros, porque ahora dirán que las regalías los mejoran. No, se trata de las potencialidades naturales y humanas de cada territorio forzadas a explotarse de la forma y ritmo que impone la metrópoli, sin ninguna autonomía real.
Estos son los temas de fondo, los que deberían ocupar la atención de dirigentes de todos los sectores. Los que hay que meter en la agenda y en la discusión constante. Lo demás, aunque necesario, porque la vida hay que seguirla, es lo que siempre se ha hecho. Y repitámoslo, insistir solamente en lo mismo de siempre, ni siquiera toca la epidermis de los cosas que debemos cambiar.
Cómo sería de importante y útil que al lado de los temas que ya conocemos: salud, educación, vivienda, recreación, empleo, agro y demás, sobre los cuales se montan todas las promesas electorales, pudiésemos escuchar opiniones sobre las reformas estructurales al Estado para intentar las modificaciones económicas y sociales que todos estamos demandando. Exijamos esto a los candidatos, para forzar su compromiso y creatividad e introducirle a las campañas elementos que las alejen de tanto tedio, politiquería y mediocridad que han sido sus características constantes.
***
La Procuraduría de manera tímida y preocupante ha impuesto unas leves sanciones a funcionarios investigados. Cuándo habrá alguna noticia de la Fiscalía?
temisortegan@hotmail.com
Ejercer el poder no es nada fácil. La complejidad de la condición humana lo dificulta. La carencia o precariedad de valores en la sociedad lo obstaculiza. Las imposiciones del sistema al que se pertenece elimina o reduce enormemente la capacidad de maniobra. Todo o casi todo se confabula para que su ejercicio sea nulo o poco útil. “El poder para qué”, dijo un ex presidente. Quizá tenía razón. Porque la historia nos muestra que los avances en los temas que realmente importan son mínimos. Parece que el poder se ejerce para mantener el statu quo. Para que nada cambie. Por ello la gente se desencanta. Y cada quien se las arregla como puede. Hasta pierde la fe. Lo grave de esto es que, al fin y al cabo, alguien tiene que ejercerlo, y si quien lo hace, no tiene compromiso honesto y real con las transformaciones que toda sociedad demanda, sencillamente las comunidades se estancan, atrasan, se rezagan.
Algo así debe pasar entre nosotros. Definitivamente, elegir para que todo siga igual no tiene sentido. Sí los elegidos no arriesgan, no imaginan, nuestra actual estructura política e institucional no está diseñada para producir cambios significativos. Las circunstancias económicas y sociales de hoy, no tienen por qué modificarse sustancialmente. Nada se hace para que ello ocurra. Por el contrario, el estado de cosas, se reproduce indefinidamente y genera por tanto mayores desequilibrios e inequidad.
Se hace necesario hablar claro. Muchas instituciones, empezando por los entes territoriales, no son hoy factor de desarrollo. Por lo menos no, como el incremento de los problemas lo demanda. El centralismo es exagerado. Todo hay que pedirlo hasta la humillación, en Bogotá. Y no se trata solamente de recursos financieros, porque ahora dirán que las regalías los mejoran. No, se trata de las potencialidades naturales y humanas de cada territorio forzadas a explotarse de la forma y ritmo que impone la metrópoli, sin ninguna autonomía real.
Estos son los temas de fondo, los que deberían ocupar la atención de dirigentes de todos los sectores. Los que hay que meter en la agenda y en la discusión constante. Lo demás, aunque necesario, porque la vida hay que seguirla, es lo que siempre se ha hecho. Y repitámoslo, insistir solamente en lo mismo de siempre, ni siquiera toca la epidermis de los cosas que debemos cambiar.
Cómo sería de importante y útil que al lado de los temas que ya conocemos: salud, educación, vivienda, recreación, empleo, agro y demás, sobre los cuales se montan todas las promesas electorales, pudiésemos escuchar opiniones sobre las reformas estructurales al Estado para intentar las modificaciones económicas y sociales que todos estamos demandando. Exijamos esto a los candidatos, para forzar su compromiso y creatividad e introducirle a las campañas elementos que las alejen de tanto tedio, politiquería y mediocridad que han sido sus características constantes.
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La Procuraduría de manera tímida y preocupante ha impuesto unas leves sanciones a funcionarios investigados. Cuándo habrá alguna noticia de la Fiscalía?
sábado, 4 de diciembre de 2010
¡Claro que sí podemos!
Por Temístocles Ortega Narváez
temisortegan@hotmail.com
Sobre el tintero están los temas del derecho de asilo, las múltiples reformas legales en curso, la elección de la Fiscal, los desastres del invierno y otros que conviene analizar y que tiempo, espacio y circunstancias no permiten. Porque dispuesto a escribir sobre alguno de ellos, escuche en la radio una transmisión desde Medellín que tenía a dirigentes gubernamentales y empresariales como protagonistas. Daban cuenta los entrevistados de los gigantescos proyectos en marcha por cuantías de miles de millones de DOLARES: Vías, túneles, dobles calzadas, hidroeléctricas, expansión de sus empresas textiles, agrícolas, pecuarias, de energía por toda América Latina, por lo que el interrogante resultó obligado: En qué momento de nuestra historia (ahora que celebramos el bicentenario) perdimos la brújula para desviarnos por estos atajos y desembocar a estos estados de pobreza y atraso? Qué fue lo que hicimos o dejamos de hacer, para que todo nuestro aporte e importancia en la historia nacional, nos sirviera sólo para llenar los textos (fabricados en otros departamentos) con los que impartimos una mediocre educación? Por qué dejamos que nuestro potencial humano y natural se desperdiciara de la manera como se ha dilapidado? Por qué otros departamentos con menos potencialidades, presentan hoy estadísticas de desarrollo humano y posibilidades mucho mejores que las nuestras? Que es lo que tenemos que hacer para salir de tanto marasmo, conectarnos con el mundo moderno y comenzar a recuperar el tiempo perdido? Cómo dejar de preguntarnos sobre quién controla el caótico tráfico, pavimenta los andenes, corretea los vendedores ambulantes y tantas otras preguntas que se han hecho necesarias entre nosotros, sobre temas que deberían ser menores, pero que la pobreza física y mental en que estamos, convierten en proyectos de vida y sociedad? Cuándo de verdad, haremos frente al reto de emprender los grandes proyectos que generen desarrollo, competitividad, empleo y transformen nuestra precaria realidad social? Cuándo dejaremos de hablar tanto, de creernos tan importantes y necesarios y acudiendo a la humildad aceptamos nuestra hoy triste realidad y empezamos desde allí a modificarla?
Que podemos empezar un proceso de transformación en todos los frentes? Claro que sí. No solamente podemos. ¡Debemos hacerlo! El mundo actual avanza tan velozmente, que quienes no hagan esfuerzos para seguirle el paso, quedarán definitivamente atrás. Nosotros hoy estamos atrás. Hay que tener plena conciencia de ello. Pero eso no es una fatalidad. No es que estemos condenados a permanecer allí todo el tiempo. Tenemos muchas fortalezas, podemos crear muchas oportunidades para iniciar un proceso de desarrollo que pueda ofrecerles a nuestros hijos condiciones para competir y realizarse. Otros entes territoriales con menores posibilidades que las nuestras lo han hecho. Nosotros también podemos. Esto que parecería lugar común y manifestación de buenas intenciones, puede convertirse en realidad, si asumimos el futuro con un poco de responsabilidad. Sobre el horizonte hay muchas cosas que están por suceder, pero desde ya, hay que enviar claras señales de que no vamos a ser inferiores al desafío de los tiempos actuales.
temisortegan@hotmail.com
Sobre el tintero están los temas del derecho de asilo, las múltiples reformas legales en curso, la elección de la Fiscal, los desastres del invierno y otros que conviene analizar y que tiempo, espacio y circunstancias no permiten. Porque dispuesto a escribir sobre alguno de ellos, escuche en la radio una transmisión desde Medellín que tenía a dirigentes gubernamentales y empresariales como protagonistas. Daban cuenta los entrevistados de los gigantescos proyectos en marcha por cuantías de miles de millones de DOLARES: Vías, túneles, dobles calzadas, hidroeléctricas, expansión de sus empresas textiles, agrícolas, pecuarias, de energía por toda América Latina, por lo que el interrogante resultó obligado: En qué momento de nuestra historia (ahora que celebramos el bicentenario) perdimos la brújula para desviarnos por estos atajos y desembocar a estos estados de pobreza y atraso? Qué fue lo que hicimos o dejamos de hacer, para que todo nuestro aporte e importancia en la historia nacional, nos sirviera sólo para llenar los textos (fabricados en otros departamentos) con los que impartimos una mediocre educación? Por qué dejamos que nuestro potencial humano y natural se desperdiciara de la manera como se ha dilapidado? Por qué otros departamentos con menos potencialidades, presentan hoy estadísticas de desarrollo humano y posibilidades mucho mejores que las nuestras? Que es lo que tenemos que hacer para salir de tanto marasmo, conectarnos con el mundo moderno y comenzar a recuperar el tiempo perdido? Cómo dejar de preguntarnos sobre quién controla el caótico tráfico, pavimenta los andenes, corretea los vendedores ambulantes y tantas otras preguntas que se han hecho necesarias entre nosotros, sobre temas que deberían ser menores, pero que la pobreza física y mental en que estamos, convierten en proyectos de vida y sociedad? Cuándo de verdad, haremos frente al reto de emprender los grandes proyectos que generen desarrollo, competitividad, empleo y transformen nuestra precaria realidad social? Cuándo dejaremos de hablar tanto, de creernos tan importantes y necesarios y acudiendo a la humildad aceptamos nuestra hoy triste realidad y empezamos desde allí a modificarla?
Que podemos empezar un proceso de transformación en todos los frentes? Claro que sí. No solamente podemos. ¡Debemos hacerlo! El mundo actual avanza tan velozmente, que quienes no hagan esfuerzos para seguirle el paso, quedarán definitivamente atrás. Nosotros hoy estamos atrás. Hay que tener plena conciencia de ello. Pero eso no es una fatalidad. No es que estemos condenados a permanecer allí todo el tiempo. Tenemos muchas fortalezas, podemos crear muchas oportunidades para iniciar un proceso de desarrollo que pueda ofrecerles a nuestros hijos condiciones para competir y realizarse. Otros entes territoriales con menores posibilidades que las nuestras lo han hecho. Nosotros también podemos. Esto que parecería lugar común y manifestación de buenas intenciones, puede convertirse en realidad, si asumimos el futuro con un poco de responsabilidad. Sobre el horizonte hay muchas cosas que están por suceder, pero desde ya, hay que enviar claras señales de que no vamos a ser inferiores al desafío de los tiempos actuales.
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