Temístocles Ortega Narváez.
Escribir sobre la marcha ciudadana del pasado jueves resulta obligante. Fue una multitudinaria manifestación popular en todo el país, para expresar en las calles la inconformidad con tantas cosas que hoy afectan la vida de los colombianos y que pese a tanta palabrería y esfuerzos no mejoran. Pero habrá ya tiempo para eso. Porque igualmente resulta imperativo, en esta ocasión, regocijarse con el espíritu y con el alma, para ubicarnos en una época fantástica de nuestras vidas y del mundo entero.
Sucedidos los movimientos estudiantiles y populares en la primavera de Paris del año 68, impulsados por la extraordinaria liberación del espíritu universal que produjo la música de los Beatles, que hicieron himnos al amor y la paz, y contra las guerras y la pobreza que por todo el orbe propician las potencias mundiales, florecieron en América Latina , cantautores que recogieron esa llama de amor, libertad y protesta, y le cantaron a la juventud y al pueblo, para sumarse a ellos, para sentirlos, educarlos y animarlos a organizarse, a exigir, a luchar. Y sobre todo amar. A amar profundamente.
También en Colombia florecieron los movimientos estudiantes por todas partes. Popayán no podía ser ajena. Hace unos días recordábamos los 40 años del asesinato de Tuto González. Yo años después, era expulsado del Colegio Ulloa, por liderar las protestas estudiantiles contra el gobierno local y regional y contra medidas que limitaban las luchas estudiantiles y hacían parte del conjunto de acciones que profundizaban la carencia de libertades y afectaban los derechos de todos.
Al lado de nuestras lecturas y discusiones estudiantiles sobre filosofía, política y economía que recorrían las diversas escuelas de pensamiento, muchas de ellas coordinadas por los maestros Saa y Alvaro Pio Valencia, el marco de fondo lo constituía la prosa y poesía de Borges y Neruda y por supuesto, la música social, de protesta y romántica al tiempo, de Piero y de Mercedes. Fue realmente una época maravillosa. Extraordinaria. Difícil encontrar un coctel de tanta profundidad vivencial como este, sublime, sobre todo para quienes lo acompañaban con una seductora dosis de “maracachafa” en las alturas del Morro.
Piero, está el próximo miércoles en Popayán, para recordar y vivir esas épocas de gloria. Recordarlas para que nos inspiren siempre, y vivirlas, porque la realidad social que Piero cuestiona, es la misma de hoy. Su mensaje universal permanece en el tiempo. Nada de lo que Piero canta carece de vigencia.
Bien por el médico y periodista Fabio Arévalo, que se echó al hombro este concierto y que ha tenido que sortear tanto obstáculo y dificultad, para ofrecerle a la ciudad un espectáculo del contenido social y la calidad artística como este. No lo ha hecho con fines de ganancia. Nuestro Teatro Municipal no da para eso. Lo hace para deleitarnos a todos y brindarnos un oasis a los payaneses y caucanos en medio de tanta podredumbre y desesperanza ofrecidas por nuestros mediocres y corruptos gobernantes. Contra los que Piero sigue cantando por el mundo. ¡Bienvenido Maestro!!