Temístocles Ortega Narváez
Poco a poco, parsimoniosamente avanza el debate electoral que elegirá mandatarios al final de Octubre. Su desarrollo ha tenido características particulares. En ocasiones anteriores a estas alturas, en lo que respecta a la Gobernación, el clima del debate registraba varios grados de temperatura. Candidatos de diferentes tendencias e intereses hacían presencia masiva en los diferentes municipios y barrios de nuestras ciudades y las gentes de alguna manera habían tomado ya posiciones frente a las variadas alternativas. No es ese el momento actual. Hasta hoy a escasos tres meses de la jornada electoral, no hay candidatos confrontándose. Los partidos no han podido o no han querido definir sus aspirantes y por tanto asistimos a los prolegómenos de lo que será la definición de nuestro gobernante regional. Los municipios, por su parte, salvo excepciones, ya tienen definidos sus candidatos a Alcaldías y como la vida local es más acalorada e intensa, allí ya existen opciones claras para escoger.
El departamento vive unas circunstancias muy difíciles. La más preocupante y de mayor impacto en nuestra comunidad, es la confrontación armada, que decidió ocupar nuestro territorio y convertirlo en el teatro de la guerra insurgente. Todos sabemos que el manejo del orden público está en cabeza del Señor Presidente de la República y que el ejercicio de esa facultad depende de las complejas evaluaciones acerca de la situación no de un departamento sino del país en su conjunto. Pero ello no impide que en torno a esta grave situación que cobra la vida de inocentes y humildes campesinos, indígenas y moradores de nuestros áreas urbanas, y que además limita de manera grave las posibilidades de inversión y desarrollo de nuestras comunidades, los caucanos todos, asumamos posiciones y nos decidamos a contribuir en la búsqueda de soluciones.
De la guerra y la paz, se ha hablado mucho en este país. La circunstancias del prolongado y violento conflicto que nos azota, ha obligado a que en diferentes etapas de la vida nacional, diversos actores intervengan planteando sus puntos de vista. Nosotros, los caucanos, tenemos un lugar destacado entre los pueblos que han aportado a las posibilidades de paz del país. Ahí están las experiencias, exitosas unas, otras no tanto, pero al fin y al cabo, acciones por encontrar salidas al conflicto.
No podía ser de otra manera, victimas como somos de los efectos de esta guerra, permanecer callados o indiferentes sería una posición inaceptable. Tenemos y debemos actuar. Recoger las experiencias nuestras y ajenas y participar en la búsqueda de salidas es el imperativo de hoy, no podemos limitarnos a la sola descripción de lo que está pasando o a la crítica por lo que se hace o no se hace. Están matando a nuestra gente, están llenando de miedo y terror a nuestras comunidades y esto no debe continuar.
Todo esto requiere un punto de encuentro entre todos. Frente a este tema no debe haber diferencias. Todos, sin excepción, sin distinciones debemos hacer un frente común contra la guerra. Si lo hacemos, Lo demás vendrá por añadidura.
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