Temístocles Ortega Narváez.
Todos sin excepción debemos rechazar la violencia en cualquiera de sus manifestaciones. Si algo falta en el país, entre muchas otras cosas, es un acuerdo nacional contra toda forma de violencia. No sólo la física, que ha tenido ente nosotros tan demenciales manifestaciones y que parece ser la única que llama la atención. Pacto contra toda forma de violencia, incluida la que se expresa mediante diversas y sutiles formas de abuso que a veces aceptamos tan pasivamente. Pero también, la que se manifiesta a través del sometimiento de una masa enorme de colombianas y colombianos, sin mayores oportunidades o lo que es peor, sumida en la pobreza y la miseria.
España, puede ser un buen ejemplo, ahora que soplan vientos de paz, por los anuncios de ETA de reintegrarse la civilidad. Lo que de ser cierto, como todos lo deseamos, es consecuencia de múltiples factores, relacionados fundamentalmente con la decisión hace años de la sociedad española toda de asumir conjuntamente un pacto, sin distingos de ninguna clase, contra la violencia.
Y también, claro de una acción sostenida y contundente del Estado y de los gobiernos, no solamente en el campo militar y de la inteligencia, sino también en el social. Porque al lado de la seguridad ofrecida por las fuerzas de regulares, crearon condiciones sociales para garantizar empleo, salud, educación, vivienda que generaron confianza y motivación entres los españoles para comprometerse con los desafíos de la nación.
Entre nosotros todavía no hemos llegado a este estado de cosas. Tengo la impresión, de que si bien todos, o la inmensa mayoría apoyamos la decisión de enfrentar la violencia con las fuerzas armadas, todavía hay desconfianza, en que esa misma decisión exista en el Estado, para producir los cambios sociales que el país reclama y necesita.
Y creo también, que la lucha contra la subversión de tantos años, y contra las últimas manifestaciones armadas, necesaria y sostenida, ha producido entre los colombianos un proceso de derechización del país, expresada en aspectos religiosos, de género y en los sociales, que debe preocuparnos. En los primeros, porque no se ha podido avanzar como se debiera en definiciones más claras frente a las decisiones judiciales en los casos de aborto. Los segundos, puesto que las políticas orientadas hacia las poblaciones LGTB, además de precarias, tienen timoratos enemigos por todas partes, y en los sociales, porque hay todavía una muy fuerte creencia en que basta que haya crecimiento económico, para avanzar en equidad e igualdad y oportunidades para todos. El establecimiento, que tiene esto como un dogma, olvida que Egipto llevaba 20 años creciendo al 5%, es decir, más sostenidamente que nosotros. Y miren lo que paso. Claro, somos dos culturas distintas. Pero las necesidades son iguales.
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El paro de los transportadores, es una muestra de lo que nos puede pasar con los tan sonados planes de Movilidad. Empresarios prestando servicios públicos: Energia, gas, alumbrado público, telefonía. De todos ellos, somos víctimas. Sigamos acabando con El Estado.