Temístocles Ortega Narváez
Claro, la Administración Pública no se puede concebir sin los contratos. Generalmente es a través de ellos como se ejecutan las obras o lo que dicen ahora, los proyectos. Los hay de diversa índole y se realizan con distintas personas, naturales o jurídicas, o con las comunidades, como ahora también dicen. Como quiera que mediante ellos seinviertenlos recursos del Estado, es decir los dineros de todos, deben ser celosamente controlados. Con ese fin se dictan las normas de contratación, se vigilan por las llamadas “ias” (Procuraduría, Fiscalía, Contraloría), aunque a veces esa vigilancia dependa de la influencia que tenga el vigilado. ¡Fallos se han visto!
También se supervisan por las veedurías ciudadanas de manera muy precaria, porque no obstante tener éstas toda la legitimidad, se les obstaculiza su funcionamiento negándoles la información o desprestigiando sus fuentes, datos y resultados. Con todo, hay que insistir, no desmayar en la fiscalización de todo contrato de la administración pública.
Como bien lo sabemos, “hecha la ley, hecha la trampa”. Los dineros que se pierden en los procesos de contratación son gigantescos. Está aceptado que, más que la violencia, es la corrupción nuestro mayor problema. Sin embargo, entre nosotros no se hace un evento para tratar este tema. Por qué? Qué es lo que impide que aquí se realice un examen con la comunidad y los medios de comunicación sobre el tema de la contratación para que se sepa dónde, cómo y con quien se están comprometiendo nuestros recursos?
Esto es muy importante y necesario, sobre todo ahora, que ya finalizando los gobiernos, a muchos funcionarios les da por hacer contratos hacia el futuro. Contratos que, por si faltara algo, vinculan los recursos y la gestión de los próximos mandatarios. Sé, por ejemplo, que en la Gobernación, ya se han hecho contratos que comprometen los próximos cuatro años. Más aún. Sé de un contrato – lo tengo en la mano- que se firmó para siempre. Sí, así como lo leen. Un contrato sin término definido. Un contrato cuya duración depende del contratista, no de la ley, ni del gobernante. Un contrato que obligará a todos, pero a todos los Gobernadores que vengan después del actual. Para que vean hasta dónde hemos llegado.
Y más aún ahora que estamos en plena campaña electoral. Alguien duda que una fuente, y muy importante, de la financiación de las campañas es la contratación estatal? Si ello es así, es posible creer en la existencia de garantías para todos los partidos, movimientos y candidatos? Porque una cosa es oírlos hablar de garantías. Otra muy distinta, saber todo lo que realmente hacen. Siendo así las cosas, como efectivamente son, cuando usted oiga a un funcionario decir que otorga garantías. Créale, sí. Pero créale exactamente lo contrario.
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Los precandidatos, unos ex secretarios y otros aliados de la actual Gobernación andan por todas partes diciendo que lucharán ferozmente contra la corrupción. ¿Y por qué? Dónde será que la ven? Con amigos así…
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