Temístocles Ortega Narváez.
Basta un pequeño análisis de los discursos o entrevistas de los candidatos para advertir que entre ellos no hay mayores diferencias. Todos aseguran que van a hacer de todo. No hay tema que se quede por fuera: empleo, educación, salud, vivienda, agropecuario, seguridad, vías etc. Etc. Todo que satisfaga a todos: desempleados, desplazados, niñez, juventud, tercera edad, estudiantes, profesores, amas de casa, moto¬-taxistas, incapacitados, campesinos, indígenas, empresarios, sindicalistas, académicos, artistas, deportistas, microempresarios etc.etc.
¿Será serio adelantar campañas de esta naturaleza? Habrán estudiado de dónde sacarán recursos para cumplir tanta promesa vaga? Con gestión ante el gobierno nacional, contestan siempre ( sabrán lo complejo que es eso, o creerán que bastará con posar de mendigos en Bogotá) y ahora llegaran recursos de regalías, agregan (sabrán cómo invertirlos productivamente,o los regarán por todas partes al menudeo, para que finalmente no sirvan para nada).
Las campañas, al tiempo que sirven para que se renueven por el mecanismo del voto los gobiernos, deberían también, al menos, servir para dos cosas importantes: Para hacer pedagogía política, haciendo que conozcan los electores temas como los de la conformación del poder, estructura y funcionamiento del Estado, de la sociedad, participación ciudadana, derechos y deberes de los asociados y aprender de los ciudadanos tantas cosas que desde la cima del poder y de los partidos se desconocen o tergiversan. También deberías servir para el examen al estado de cosas de cada comunidad, a la forma como han actuado gobiernos anteriores. Una lectura del arte, como dicen ahora, en un contexto amplio que permita visualizar el entorno regional,
nacional y mundial.
Es decir, si nuestros partidos y movimientos fueran serios, las campañas electorales dejarían de ser esos tristes espectáculos de encerronas, promesas, presiones, chantajes y compraventa de votos, para convertirse en las oportunidades periódicas de repensar nuestros municipios, departamentos y el país y trazarnos metas y horizontes colectivos. Tengo la seguridad que de esta manera los electores sentirían que vale la pena vincularse, porque más que la elección de un gobernante, estaríamos eligiendo el rumbo que en adelante nos trazamos como sociedad toda.
Hacia allá debemos exigir que se orienten las campañas. Entre otras razones, por una elemental: Permitir que se hagan como siempre se han hecho, no ha servido para nada. O mejor, ha servido para empeorar las cosas. De modo que si vamos a participar responsablemente, como corresponde, debemos asumir críticamente la forma como hasta ahora hemos actuado. La responsabilidad de una campaña seria y por tanto de una elección acertada, no depende solamente de los partidos y sus candidatos ( si por ellos fuera, entre más ignorancia y dependencia,mejor). Es un compromiso de cada ciudadano y de las diversas formas de organización social. Que voten amarrados los ignorantes, ingenuos y avivatos. Pero los ciudadanos libres y decentes deben contribuir con decisión a darle sentido yeficacia al debate electoral.
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Anda el rumor que hay más platica de nuestros impuestos perdida en otra firma corredora de valores. Ojo a la chiva periodistas.
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