Por Temístocles Ortega Narváez
temisortegan@hotmail.com
Pacíficamente la gente debería marchar todos los días. Razones para hacerlo hay de sobra. La alarmante deficiencia del Estado lo impone. Cuando funciona lo hace a través de intermediarios: los políticos, los amigos o los socios. Por sí solo nunca actúa. Porque el aparato estatal no le pertenece a la sociedad como un todo. No es patrimonio colectivo. De él se apoderaron hace rato. Lo hicieron propiedad privada. Lo raptaron.
Prueba de ello hay por todas partes. Hasta en lo más elemental. En una cita. Si la pretende con Ministros, Gobernadores, Alcaldes, Secretarios o cualquier empleado de nivel, debe valerse de uno cualquiera de los intermediarios. Si no, olvídese. Paciencia infinita.
Si se trata de la la formulación de un proyecto, la inclusión de una partida presupuestal, la ejecución de una obra. Morirá en el intento. Esos temas se definen con el Directorio (5 0 6 manzanillos de marca mayor, con conocimiento de nada, pero expertos en triquiñuelas y servilismo) o con los amigos o socios.
Y para qué hablar de políticas públicas de mediano o largo plazo. De eso sí que jamás conocen las comunidades. Ellas se definen en pequeños círculos que se distribuyen los beneficios. Si se trata de grandes inversiones en obras públicas, montan las empresas que las contratarán, si están dirigidas como ayudas a un sector de la economía, a él se integran o buscan a sus amigos para asociarse. ( Agro Ingreso Seguro).
En general toda actividad estatal está permeada por el interés de quien la planea, orienta o ejecuta. La teoría del interés común, es solamente eso, teoría, porque la práctica es otra. A veces totalmente contraria.
Por eso las comunidades o los sectores sociales que no están al lado de quienes ejercen el poder, no tienen otra forma distinta de interlocución, que salir a la calle. A veces las invitan, dizque para trazar o ejecutar conjuntamente con ellas las políticas públicas, pero mentiras. Las invitan no para que participen, sino para que legitimen. Porque sus aportes no son considerados, no son tenidos en cuenta. Solamente figuran en el titular de los medios, pero nada más. Ellos, el reducido grupo del poder, ya ha definido todo.
Claro la captura del Estado por unos pocos, a veces corruptos y bandidos, hace en el fondo inexistente la democracia. Porque democracia no es solamente participar en elecciones. Produce risa oír a veces apasionados defensores de nuestro sistema hablando maravillas sin sentido. Intentando vanamente desconocer su precariedad y obsolescencia o negando que, colocado como está al servicio de unos pocos, es la negación misma de la democracia.
Mientras no existan esfuerzos y hechos reales y claros para colocar el Estado al servicio del interés colectivo, para abrir y consolidar escenarios de participación y construir una verdadera democracia, las marchas de los sectores sociales afectados por una realidad cada vez más angustiosa, son las únicas herramientas efectivas para relacionarse con el Estado. La democracia aprendiéndose, enseñándose y practicándose en las calles.
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