sábado, 11 de septiembre de 2010

Cuidado con el culto a la ley

Por Temístocles Ortega Narváez
temisortegan@hotmail.com


Todo intento por frenar la corrupción debe apoyarse decididamente. Bienvenido entonces el proyecto de ley en su contra. Pero no es la panacea. Los corruptos, que son muchos, así no parezcan, saben que existen normas que los pueden sancionar. Pero no les importa. Suponen que ninguno de la cadena va a contar. Y saben también que si cuenta, nada pasará. Porque tienen bajo control los organismos de vigilancia e investigación a través de sus amigos, copartidarios, parientes, recomendados o de funcionarios que se venden al mejor postor.

Esa es la tácita y perversa relación que existe entre ciertos dirigentes y algunos funcionarios: Yo te ayudo a elegir y te garantizo impunidad y tú me das puestos y contratos. Luego tú me ayudas a elegir, seguimos en lo mismo. ¡Y que viva la democracia!

Por eso las leyes anticorrupción no son tan eficaces, como se anuncian y como lo quisiéramos. El aparato encargado de ponerlas en práctica es ineficiente y está igualmente contaminado.

En estas circunstancias el establecimiento de nuevos tipos penales y disciplinarios o el incremento de penas y sanciones no es suficiente. Las funciones de prevención general y especial atribuidas a estas no operan. Estas experiencias tan utilizadas entre nosotros, no han dado los resultados esperados. Porque el corrupto no se detiene ante la expedición de leyes nuevas, por duras que parezcan. “Hecha la ley, hecha la trampa”, es su consigna. “ La oportunidad se aprovecha” se repite.

Agréguese a esto que, dada la relajación de la política, la mediocridad del liderazgo o la expansión de la democracia, como quieran llamarlo, hay empleados públicos que por ser saludados en un ascensor, se sienten con respaldo popular, se lanzan a aspirar políticamente y se dedican al saqueo de lo público. Saben que su elección no es por ideas, ni acciones, ni capacidad, ni compromiso sino por la “inversión” en la campaña. Piensen no más en los costos publicitarios de las anteriores campañas. De dónde sale ese dinero.?

En ese contexto el proyecto de ley anticorrupción anunciado, para que pueda tener alguna eficacia, debe acompañarse de un nuevo aparato que la ejecute. Se impone entonces, la creación de una jurisdicción especial para delitos contra la administración pública y otra igual para faltas que comprometan recursos del Estado. Así será posible tener fiscales, jueces y procuradores dedicados de manera exclusiva a esas investigaciones – que hoy nunca terminan- y no perdidos en un montón de expedientes, muchos por asuntos de bagatela. Claro fiscales, jueces y procuradores con carácter, conocimiento y compromiso, refractarios a los compromisos políticos, sociales y económicos. Sin ello, las reformas anticorrupción serán otro intento loable, pero ineficaz para enfrentar el robo de tanto delincuente de cuello blanco agazapado en la burocracia estatal.

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Lo que se va conociendo sobre el espionaje a la Corte Suprema de Justicia evidencia el lodazal en que estamos y los esfuerzos gigantescos que tenemos que hacer para recomponer esta sociedad. ¡Que horror!

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