domingo, 5 de septiembre de 2010

Estadísticas de la pobreza

Por Temístocles Ortega Narváez
temisortegan@hotmail.com


Aquí nos repetían a toda hora y por todas partes que mejorábamos sustancialmente las condiciones de vida de nuestra gente y creímos íbamos bien. Anuncios de obras por todas partes de Gobernadores, Alcaldes y dirigentes nos hacían sentir confiados y optimistas. Las estadísticas eran nuestras mejores aliadas, porque todas indicaban que estábamos avanzando. No eran tan reales. Las cifras del propio Presidente de la República frente a nuestra dirigencia empresarial, política y de gobierno nos hizo pisar tierra firme. Somos el segundo departamento más pobre de Colombia. Cruda y triste realidad.

No se trata ahora de buscar responsables. Seguramente cada quien los tendrá. Pero sí de hacer un alto en el camino y actuar para ir saliendo de tanta pobreza y miseria. Y volvemos a lo que se ha dicho por muchos y desde hace mucho tiempo. Necesitamos mayor compromiso y conocimiento de nuestra clase dirigente y de la comunidad caucana en general. Tampoco se trata de buscar genios que lo sepan todo. Hay que trabajar con lo que da la tierra. Pero trabajar bien. Asimilar las experiencias y asumir de la manera más unida y coordinada posible una actitud que permita superar poco a poco si se quiere las difíciles condiciones sociales en que nos encontramos.

Los datos estadísticos presentados en la reunión presidencial son tan categóricos y patéticos que alguno de los dirigentes lapidándose alcanzó a sentenciar: No hemos hecho nada. Y se puede o se debe hacer un juicio histórico acerca de las causas de nuestra decadencia. Pero también y sobre todo es necesario mirar hacia adelante. Porque todo puede ser más grave si continuamos como vamos.

Que el mundo es cada vez mas competido es una perogrullada. Sin embargo parece que no queremos aceptarlo. Porque nada o muy poco se hace para generar cambios, para producir transformaciones. Y de esto es de lo que se trata. De modificar sustancialmente nuestra manera de enfrentar la realidad. Nuestra forma de relacionarnos fundamentalmente con lo público, que es el patrimonio de todos y del que depende en mayor medida que avancemos o retrocedamos.

Lo ideal sería que nadie fuera indiferente ante lo que está pasando. Desafortunadamente no es así. A grandes sectores sociales y económicos no les importa que tengamos estos índices de pobreza y marginalidad. La razón puede ser la pérdida absoluta de confianza en la posibilidad de que esto sea mejorable. O lo que es peor, le sacan partido a la situación, viven de ella. Y Mientras ello ocurre, centenares de miles de coterráneos se debaten en condiciones deplorables, infrahumanas.

Como el sentido final de la vida y de la sociedad es un imperativo moral, hay que insistir con terquedad hasta lograr una reacción social que imponga a la clase dirigente verdaderas responsabilidades para salir del abandono actual. Los datos presidenciales nos han desnudado. Las que nos daban aquí, sólo reafirman aquello de que las estadísticas son como las tangas, que muestran todo, menos lo que uno quiere ver.

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