TEMÍSTOCLES ORTEGA NARVÁEZ
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Es sumamente costosa y dolorosa. Vidas, bienes, tranquilidad, percepciones, inversiones. Todo se afecta cuando la comunidad cae en manos de los delincuentes de cualquier pelambre. Desde los raponeros de celulares (que por eso ya matan) hasta las bandas organizadas de criminales. Pero nada se hace, o para ser justos, lo que se hace no es suficiente. ¿Qué es lo que pasa? Acaso no se advierte que las estrategias hasta ahora utilizadas no sirven de mucho? Y si se advierte, ¿por qué no se cambian?
Claro hace falta más fuerza policial. Hay que pedirla. Con respeto, pero también con altivez, hasta conseguirla. Pero mientras tanto, utilizar la imaginación, la creatividad. Si los ya megaconocidos consejos de seguridad no son eficaces. Esto es sí las instituciones competentes agotaron su capacidad de enfrentar la seguridad, pues acudamos a la comunidad.
Ahí están las organizaciones comunitarias: Juntas comunales, comités de barrios, gremios, medios de comunicación, sectores de la producción, toda forma de organización comunitaria debe utilizarse para hacer frente a la escandalosa inseguridad de la ciudad.
Las autoridades deben entender de una vez por todas, que no todo lo que suceda y deba hacerse en la ciudad es responsabilidad de ellas. También compete a la comunidad. A la que deben hacer partícipe. Escucharla, motivarla, comprometerla, trabajar con ella. Organizar ya y activar diversos comités u organizaciones sociales que se vinculen de manera inmediata a planes de seguridad que cierren el paso a tanta muestra de delincuencia que se apodera de la ciudad. Los delincuentes deben saber que actúan contra todos, no contra su víctima.
Ello requiere una estrategia que no necesariamente debe inventarse plenamente, ya existen experiencias. Dado el enorme impacto negativo, la seguridad ciudadana, es el reto inmediato de nuestras autoridades. No hay explicación o justificación alguna para no implementar con urgencia acciones para garantizarla, pues la copa de la paciencia ciudadana no resiste un hecho más.
Y por supuesto, atender simultáneamente y con medidas concretas, los problemas sociales de la ciudad, porque la seguridad no es solamente el resultado de las medidas policivas. En el fondo de muchas de las acciones delincuenciales, radica un problema individual, familiar, comunitario.
No estamos frente a una situación fácil de superar. Se han acumulado durante años muchas dificultades. El mismo país es un escenario abonado para el surgimiento y consolidación de las más diversas y complejas manifestaciones antisociales, para la falta de solidaridad. Pero sobre esta cruda realidad hay que sobreponerse. Y es en estas difíciles circunstancias donde se demuestra la voluntad de una sociedad para superarlas. Esta ciudad, puesta a prueba, es capaz de demostrarlo. Que sus dirigentes, particularmente sus autoridades la convoquen. Porque son muchos más los que trabajan y luchan honradamente, que quienes se aprovechan de sus deficiencias. Y de la indiferencia de todos.
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