sábado, 24 de octubre de 2009

De concesiones y privatizaciones


TEMÍSTOCLES ORTEGA NARVÁEZ.
orteganarvaez@gmail.com

Los temas del Estado, de la sociedad y su desarrollo, deben asumirse con toda la seriedad posible. Si no es así, las discusiones resultan estériles y los resultados catastróficos. Soltar una frase, un juicio, sobre cualquiera de ellos, motivados por la emotividad es insulso; hacerlo por algún interés distinto al colectivo, resulta perverso.
Buena parte de nuestras dolencias, tiene que ver con la falta de estudio e investigación de los problemas que nos afectan. Falencias éstas que nos conducen a propuestas y acciones equivocadas o por lo menos no suficientemente acertadas.
Hablar de concesiones y privatización no es cualquier cosa. Siempre habrá puntos de vista contradictorios. No es un tema fácil. Por ello no puede resolverse de manera simplista. Que no hay recursos para el relleno sanitario, hace ya rato hay colegios concesionados, los privados ofrecen mejor calidad, los recursos son “regalados” por la Nación, existen experiencias exitosas en otras partes, son expresiones superficiales que se escuchan a menudo. Pero nada serio. Nada que responda a una caracterización de la comunidad payanesa, a una lectura profunda del Estado y pertinencia de sus políticas públicas, a una valoración juiciosa y serena de las múltiples variables que inciden en decisiones de esta naturaleza.
Porque el interrogante automático que genera el tema es, qué pasa con lo público. (aceptado ya que el neoliberalismo: Estado pequeño-mercado gigante, fue un fenomenal fiasco, que llenó de pobreza el mundo entero y enriqueció a unos cuantos). Con las basuras, la justicia, la educación, la defensa, las relaciones exteriores, los servicios domiciliarios y en general con todo lo que el Estado debe hacer con nuestros impuestos? Por qué nada funciona o funciona deficientemente? Qué es lo que pasa? Qué debemos hacer?
Lo primero, definir, si hacemos o no, una apuesta por lo público. No en términos absolutos, por supuesto. La iniciativa privada tiene un lugar y un valor importante en la sociedad y en ciertos sectores, además, hay que privilegiarla. Lo que no podemos hacer es actuar con ligereza. Claro, si privatizamos todo, sobra el Estado. Porque hasta la regulación la impone el mercado. Actuar así no es ejercer liderazgo. No es ninguna proeza entregar la función estatal a los particulares. Sí es una posición política. Como es un derecho exigir el funcionamiento eficiente y transparente del Estado. Y esto es parte del debate que hay que hacer, para que los sofismas no impongan el criterio ciudadano.
Y no deben confundirse ciertas cosas. Reflexionar sobre estos temas, no es actuar contra nadie. Son actitudes que deben asumirse, como un aporte a la necesaria discusión de los temas que inciden en la comunidad. Porque si aceptamos callar ante todo, porque todo lo que se hace es positivo nos guardarán un puesto en la larga fila de familias en acción. Y eso sí ni de vainas.
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