lunes, 25 de abril de 2011

Semana Santa todo el año

Por Temístocles Ortega Narváez

Nada nuevo se dice al resaltar la Semana Santa como el acontecimiento de la ciudad. Son innumerables las formas como propios y visitantes la disfrutan y viven e incontables los impactos positivos que generan en su cultura, economía, en la vida social en general. La Semana Mayor es de una trascendencia extraordinaria para Popayán. Todos los esfuerzos que en el pasado han hecho y los que hacen ahora, quienes han asumido la responsabilidad de sostenerla, promocionarla y consolidarla, deben ser reconocidos, apoyados e impulsados para seguir adelante. Hechos que de alguna manera la afectan negativamente, inconvenientes que se presentan, como en toda obra de esta magnitud, no pueden opacar su majestuosidad e importancia. Si bien hay que anotarlos y considerarlos para que no se repitan, el esplendor de la celebración religiosa, se impone a todo eso y avanza silenciosa y triunfante como la demostración de la historia, grandeza y espiritualidad de sus gentes.

Lo que conviene mas bien, es convertirla, en lo posible, en un acontecimiento no de una semana sino de todo el año. Podría pensarse, por ejemplo en la posibilidad de que en torno a la semana mayor, giren y puedan realizarse durante varias épocas del año eventos ligados a ella, de modo que pueda ser una convocatoria permanente al país y al mundo. La ciudad girando de manera constante frente a esta ceremonia católica y generando ininterrumpidamente toda una actividad espiritual y productiva. No como una utilización puramente materialista del sentimiento religioso. Sí como un sitio de permanente búsqueda de momentos de espiritualidad, de paz. Si se repite en todas partes, cosas como que el turismo es la industria sin chimeneas. La Celebración de la Semana Mayor y en torno de ella durante todo el año, toda una programación cultural y religiosa, bien puede ser considerada como la industria del constante encuentro espiritual, del espacio permanente para la reflexión y para la paz, que tanto necesita nuestro país y el mundo.

Ideas que van surgiendo con la inmensa alegría y satisfacción que brinda una espectáculo de recogimiento, respeto, fe, optimismo y reencuentro con las raíces como nuestra Semana Mayor y que puedan llegar hasta quienes han cargado sobre sus hombros la consolidación de una tradición, que sin duda alguna, es e hoy el mayor orgullo de la ciudad blanca y puede constituirse en su mayor dinamizador espiritual y productivo.

Todo esto seguramente ya ha sido objeto de consideración por muchas gentes en la ciudad. Hay que continuar pensando y trabajando en ello. Nuestra ciudad con tan elevado índice de desempleo, inseguridad y otras males sociales, bien puede encontrar en la Semana Santa, su mayor activo cultural, las condiciones para enfrentarlos y generar desarrollo social. Podríamos así afirmar, independientemente de nuestras convicciones religiosas que en Popayán, sí el destino está colocado en las manos de Dios. Bello reto, para quienes, con esfuerzo y dedicación se han dedicado exitosamente a construir ciudad desde nuestra Semana Mayor. Felicitaciones!

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