sábado, 30 de abril de 2011

Llueve de todo

Temístocles Ortega Narváez

Al lado de las lluvias que no cesan, que dejan miles de damnificados, que demuestran la fragilidad de nuestro entorno, que hacen notar la precariedad de nuestro Estado, la ausencia de políticas públicas serias sobre el medio ambiente, la improvisación que caracteriza toda respuesta, llueven también contratos por todas partes.
Claro una de las formas de respuesta estatal ante la emergencia causada por el crudo invierno es sin duda la contratación para enfrentar la situación. Hay que llegar con ayudas a los afectados, hay que reconstruir vías, hay que consolidar proyectos productivos. Y hacerlo tan pronto como la calamidad lo exige. Entre más rápido mejor. Para ello está consagrada la figura de la urgencia manifiesta, de la que no siempre se hace un buen uso.
Pero como sabemos, el lodo que lo inunda todo, no es sólo el de las montañas que ahora se derriten. También desde hace algún tiempo estamos hasta el cuello con el lodazal nauseabundo de la corrupción. Y estas decisiones de urgencia manifiesta sí que se prestan para eso. Como dicen que hay discrecionalidad total, Gobernadores, Alcaldes y Gerentes contratan sin ninguna exigencia. No entienden que esta discrecionalidad es legal, no moral. Si hubiese algún resquicio ético estas contrataciones no deberían utilizarse para favorecer o congraciarse con los amiguitos de siempre. Porque todos tienen derecho a contratar en igualdad de condiciones. El fundamento conceptual de la urgencia manifiesta y la correlativa liberalidad para contratar sin mayores exigencias, no es el de favorecer amigos a dedo. La urgencia manifiesta no elimina el derecho de todos a ser tenidos en cuenta. Elimina sí, requisitos legales para ganar celeridad y atender con prontitud y eficacia el desastre. Pero esto, es utopía frente al lodazal moral en que sobrevivimos. Si debiendo cumplir todas las exigencias de un proceso contractual, las licitaciones finalmente se amañan y se adjudican delictuosamente a quien previamente ha participado en el fraude, imagínense lo que estarán haciendo sin la obligación legal de cumplir requisitos. Por eso ya hay informes de corrupción con las ayudas a damnificados. Miserables!!
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El homicidio del profesor José Tomás Jaramillo en las calles de la ciudad, es otro hecho de violencia más, de los muchos que a diario ocurren en Popayán. Y la respuesta sigue siendo la misma. Es decir ninguna. Muchas plumas y voces lo hemos escrito y dicho. Pero definitivamente la situación le quedó grande a las autoridades. Hay que también decirlo: No son exclusivamente las autoridades las responsables de la seguridad. Pero sí del liderazgo. Que es lo que no existe. En Washington D.C. gana fuerza hoy un movimiento por la calidad en la educación pública basado en que no debemos esperar a Superman, sino a asumir acciones y llenarnos de indignación colectiva. Eso hace falta aquí: Indignación colectiva contra la violencia, la inseguridad, la corrupción, las roscas y tantas formas de saqueo y burla de los derechos de todos. Si todos la expresamos, cada quien a su manera, o mejor colectivamente, esto puede cambiar.

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