Temístocles Ortega Narváez.
“Papa doc” y“Baby doc”, padre e hijo, fueron dos mandatarios haitianos que durante décadas gobernaron al pueblo de la dividida isla grande con mano de hierro, dejando como negro recuerdo una larga cadena de violaciones a los derechos humanos y la pobreza generalizada del país. Así categórica y dramáticamente son vistos en cualquier parte del mundo. Los dos fueron en sus momentos derrocados.
“Baby Doc”, ha vuelto a la isla, azotada hace meses por un violento terremoto y sumida en un caos político y un estado de miseria inaceptable. Nadie habría imaginado su regreso. La huella de su nefasto gobierno y los procesos por haber cometido los más graves delitos contra su pueblo, haría suponer razonablemente que nunca volvería.
Pero volvió y encontró, pese a todo su oscuro pasado, gente que lo recibió alborozada y pidiendo, quien lo creyera, su regreso al poder. Quiénes son estos haitianos, que pese al rechazo de la mayoría de su pueblo y de la comunidad internacional, respaldan sin ninguna vergüenza a uno de los más despreciables gobernantes latinoamericanos?
Sencillo:Son Quienes se sirvieron en sus tiempos del poder. Los que se beneficiaron de su gobierno corrupto y criminal. Porque, claro, si un gobierno no se ejerce en beneficio de toda la sociedad, unos resultan favorecidos. Otros, la mayoría, severamente afectados. Y son los primeros con toda desvergüenza, los que quieren regresar al pasado, para volver a sus ventajas y privilegios.
Entre nosotros ocurre lo mismo. Desde hace algún tiempo asistimos al ejercicio de unos gobiernos cerrados, propiedad, sí propiedad de unos pocos. Con una percepción social de corrupción tan elevada, que hasta incluyen prácticas mafiosas. Defendidos con pasión y furia por sus beneficiarios. Beneficiarios suficientemente conocidos. Unos, a manos llenas, otros con pequeñas migajas, para acallar su voz. De ñapa, se amparan en poderosas maquinarias de opinión, de costosa publicidad, para proyectarse sofisticadamente ante la comunidad como gestiones de gobierno honestas y comprometidas con el bienestar de todos. Algunos les creen, mientras dura el festín y la borrachera del poder. Terminado el jolgorio, aparecen al descubierto las llagas sociales de gestionesineficientes, pomposas y mentirosas. Ya no hay nada que hacer.
¿Por qué se mantienen y es tan “poderoso” este excluyente grupo de privilegiados? En parte por la habilidad, que no inteligencia, de sus protectores. Pero más, por la pasividad e indiferencia del resto de la comunidad y la falta de objetividad y organización en las propuestas independientes y alternativas.
¿Hay en lo escrito algo irreal o exagerado? No. Por el contrario, son hechos conocidos, comentados y rechazados generalizadamente. Pero, como de lo que se trata, es de superarlos, desterrarlos, ojalá definitivamente, debemos decidirnos a actuar. Porque mantenernos inactivos, permanecer como espectadores, permitiendo que continúe la depredación del patrimonio y de los valores colectivos, nos asemeja a aquellos haitianos, que desean hoy el regreso de los más nefastos regímenes de gobierno de que tenga noticia la historia reciente. Por esa vía vamos. Pero estamos a tiempo.Hasta allá no podemos llegar.
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