Por Temístocles Ortega Narváez.
temisortegan@hotmail.com
Cambio de gobierno, nuevos aires, otras perspectivas, son como los hechos políticos del año que concluye. Destape de hechos graves, aterradores, mucho más de lo que conocíamos, caracterizan también este ciclo anual. Ganancias empresariales, financieras, estancamiento y pauperización de la clase media y pobreza generalizada son sus signos económicos y por su puesto la ola invernal, que al lado de la imprevisión en el manejo de los asuntos públicos, con los ambientales al frente, ha causado por todas partes desastres, que la solidaridad de todos debe contribuir a sobrellevar, para hacer un poco menos dolorosa la tragedia de tantos colombianos en esta época navideña, cuya alegría natural, no debe hacernos olvidar el sufrimiento ajeno.
Nuestro Departamento, infortunadamente convertido en escenario principal del conflicto armado, que afecta la seguridad que toda inversión productiva requiere y aleja las posibilidades de desarrollo social. Los esfuerzos por alcanzarla deben continuarse al lado de mayores acciones para atraer inversión pública en proyectos de amplio y profundo impacto económico, sin desamparar los esfuerzos individuales y de pequeños grupos de diversa naturaleza para garantizar su seguridad alimentaria.
A los problemas endógenos de la ciudad, inseguridad, desempleo, espacio público se suman los efectos de males regionales y nacionales. Desplazados, pobreza, poca inversión social, obligan un esfuerzo mayor para responder de alguna forma a los retos que su frágil estructura social y productiva le plantea.
Y en el horizonte próximo, el remate de unas gestiones de gobierno, que han sido la continuación en la forma y en el fondo de las administraciones que las precedieron, sin acciones que las diferencien sustancialmente.
Por esos lados todo va a seguir igual. Nada hace prever hechos que signifiquen un nuevo impulso -tan necesario- para que los caucanos abandonemos los puestos de retaguardia en el desarrollo económico y social. Pesimismo. No. Realismo. Pura y simple verdad.
Pero el 2011 será un año de decisiones. Y si queremos aportar y acertar, hay que participar. Activamente. Con decisión. Con carácter. Este es mi mensaje. Hay que sacudirse. Dejar la pasividad. La indiferencia que nos acerca a la estupidez. Todos opinando, proponiendo, actuando. Las sociedades se construyen colectivamente, no por la generosidad o sapiencia de unos pocos. Allí hemos fallado y eso tenemos que superarlo. Todos dueños y hacedores de nuestro destino y el de nuestros hijos.
La convicción de que hay que hacer algo realmente novedoso y extraordinario es general. No hay esquina, café, club, plaza o reunión donde se diga lo contrario. En todas partes se expresa la necesidad de un gran salto hacia adelante. Podemos darlo. Sí. Tenemos cómo. Sí. Sólo nos falta decisión. Entusiasmo. Valentía. Hemos celebrado 200 años de independencia. No podemos seguir dependientes de nuestra apatía, comodidad, servilismo y hasta complicidad. Año nuevo ¡Independencia total, para ser libres!
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La vía hacía el sur la construirá el invierno. No hay nada más que hacer. Lo demás, palabrería.
Libertad para los secuestrados! Afectuoso abrazo de Año Nuevo a lectores y amigos. Felicidades!
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