domingo, 15 de agosto de 2010

Asimilar las experiencias

Por Temìstocles Ortega Narvàez
temisortegan@hotmail.com

Ya aparecen voces y movimientos relacionados con las próximos gobernantes locales y regionales. En diferentes municipios del Cauca y en la ciudad capital se ponen a “sonar”, nombres de posibles aspirantes. Algunos se acercan a esos temas con el interés ciudadano por el futuro de pueblos y ciudades. Otros, porque prácticamente viven de la actividad política y esperan cada elección para jugar como siempre. De todo hay.

Visto lo que ha sucedido en el pasado bien podría decirse que la competencia por Alcaldías y Gobernaciones termina polarizándose en dos bandos opcionados, más otras alternativas, que si bien son importantes, no aparecen con mayor probabilidad. A menos que se consoliden y tengan la capacidad de colarse por el medio y salirse con la suya. Casos se han visto.

Esta es por supuesto la parte mecánica de la política. Porque en cuanto a la naturaleza y contenido de las propuestas, las cosas son diferentes. En este sentido, generalmente el panorama plantea una confrontación entre sectores progresistas, conformados por partidos y movimientos de izquierda, grupos sociales, independientes y demócratas de un lado; y del otro, los partidos políticos tradicionales, agrupados de diverso modo, dependiendo fundamentalmente de la forma como se reparte la burocracia local y nacional.

El resultado, salvo contadas excepciones, es el mismo. Dada la situación de pobreza e incultura política que caracteriza el departamento, los procesos electorales terminan determinados por el monto del dinero invertido y el reparto de puestos y contratos. Por eso no hay ningún cambio. Y descontada la presencia de nuevos nombres o personas, los gobiernos son, en el fondo y en la práctica, los mismos. Nada se modifica. La historia se repite una y mil veces.

En esta ocasión y ante el inicio de un nuevo gobierno hay que considerar que la forma como se plantee el poder nacional en lo territorial, juega también un papel importante, en tanto que como ya lo dijimos, los acuerdos entre los partidos tradicionales, que son los mayores electores, están signados por el tratamiento en dicho reparto.

Ahora, si hubiesen verdaderos partidos, definidos ideológica, programática y organizativamente las alianzas ofrecerían a los ciudadanos la posibilidad de conocer el proyecto de ciudad o de departamento que proponen, pero bien sabemos que son los intereses personales y particularmente de los “jefes” los que terminan imponiendo candidato y condiciones.

Ante estas realidades, lo que debe ensayarse es una movilización ciudadana, desprovista de ataduras partidistas, que recogiendo la experiencia de tantos años de ejercicio electoral mecánico y mezquino, se plantee los verdaderos problemas de la ciudad y del departamento, desde una perspectiva generosa y amplia, para que a la búsqueda de soluciones se incorporen todos los sectores sociales, de modo tal que cada quien sienta que contribuye a construir su futuro.

El problema social está allí, igual o peor, no asimilar las lecciones recibidas e insistir en lo mismo, es permitir que, como tantas veces, nos elijan a cualquier obediente burócrata como gobernante. Y Gobernar es otra cosa.

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