sábado, 26 de diciembre de 2009
Navidad y solidaridad
TEMÍSTOCLES ORTEGA NARVÁEZ
orteganarvaez@gmail.com
De festividades religiosas como la Navidad se dice que debiera ser asimilada como momento de reflexión. No es fácil. El sistema capitalista de producción y la sociedad de consumo que le es inherente, imponen una necesidad de intercambio de bienes y servicios tan intensa, que el comercio resulta ser su protagonista. No solamente almacenes de cualquier tipo son el centro de la atención de todos, sino que calles enteras se inundan de frenéticos y desesperados compradores en búsqueda de innumerable cantidad de objetos útiles e inútiles, introducidos en la mente por una voraz y eficaz propaganda mercantilista, que se sobrepone sobre cualquier necesidad de asimilación de la época desde la reflexión o el análisis.
Bueno, a la economía le va bien, como dijera hace años un elocuente dirigente empresarial, que se quejaba entonces de que al país le iba mal. Ello contribuye de alguna forma a dinamizar el empleo, así sea temporal, en épocas en que tanto nuestra ciudad como el departamento han sufrido graves hechos naturales y delincuenciales ( invierno, nevado del Huila, pirámides, fumigación de cultivos ilícitos y lícitos, enfrentamientos armados ) que afectan no sólo la economía doméstica, sino el entusiasmo y el optimismo, necesarios para adquirir y mantener a través del esfuerzo constante, el nivel de ingresos familiares y el bienestar colectivo.
Pero si hay algo por destacar en todo este alegre bullicio navideño, sin duda alguna, es el florecimiento del espíritu de solidaridad. Resulta admirable el trabajo de personas naturales, líderes comunitarios y de empresas e instituciones, que físicamente se entregan, a la búsqueda de algún regalo o a la celebración de una actividad a través de las cuales llevan alegría a centenares de niños pobres de la ciudad y del campo.
Porque la navidad es fundamentalmente la fiesta de los niños. Y bien sabemos que entre nosotros existen muchos, pero muchos de ellos, que no podrían disfrutarla sin la generosidad de quienes, asumen como apóstoles su compromiso social. Las circunstancias de pobreza absoluta que se observan a lo largo de la periferia de la ciudad o aún a pocas cuadras del centro y en nuestros pueblos y veredas, son tan deprimentes, que si alguien, disfruta de esta época decembrina sin ofrecer su aporte a los más necesitados, es porque todavía no ha permitido en su alma y en su mente, florecer el sentimiento solidario consustancial a la naturaleza humana.
Solidaridad que, desde otro ámbito, elevada a principio constitucional, debe ser impulsada desde el Estado, para consensuar con quienes se benefician del sistema y de su situación de privilegio económico y social, unas condiciones que permitan salir de la pobreza a millones de compatriotas, desprovistos de bienes y oportunidades.
**El diálogo vuelve a insinuarse, a instancias de la iglesia, como salida al conflicto armado. Todo debe intentarse, para frenar la guerra.
Titoortega.blogspot.com.
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