TEMÍSTOCLES ORTEGA NARVÁEZ
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Se creía que los estudios sobre todo el fenómeno de corrupción de este país, parapolítica incluida, concluían con la aceptación dolorosa y cruel, que no se trató de casos aislados, sino de un proceso sistémico de captura del Estado, por parte de verdaderas mafias, que acudiendo a toda suerte de acciones y procedimientos tomaron para sí la estructura estatal y la pusieron al servicio de su proyecto político.
Se evidenció entonces, que no estábamos simplemente frente a delitos individuales, cometidos por particulares que dolosamente superaban los límites del Código Penal, ni tampoco de acciones concertadas con servidores públicos para idénticos fines. No. De lo que se trató fue de toda una bien planificada operación, no solamente para hacerse con los bienes públicos, sino para apoderarse del aparato estatal -funcionarios públicos incluidos- ponerlo a su servicio y ejercer el poder con todas sus ventajas, privilegios y prerrogativas.
Ya de tiempo atrás hemos oído expresiones como ´´Este roba, pero reparte.” ´´Que roben pero que hagan algo,” como formas de penetración cultural de la corrupción, que denotan desafortunadamente cierto nivel de aceptación social o por lo menos, anestesian el rechazo total, que debe merecer toda conducta que amenace los bines oficiales.
La cooptación de la maquinaria estatal la lograron en buena parte del país. No obstante la denuncia y la lucha de sectores sociales; municipios, departamentos y diferentes instancias nacionales cayeron en manos de bandas sincronizadas de delincuentes que disponían a su antojo absolutamente de todo. Nada se hacía sin la voluntad de quienes fungieron como planificadores y ejecutores de los presupuestos públicos.
Hoy hemos superado el escenario de la captura del Estado. El profesor Garay, respetado estudioso de estos temas, sostiene ya la tesis, que estamos en el escenario de una sociedad distinta. La corrupción ha penetrado tanto en el torrente sanguíneo que comunica y da vida a la comunidad que son unos nuevos valores los que soportan nuestra estructura social. Culturalmente somos otra sociedad. Terriblemente triste, pero si queremos salir de este lodazal que nos asfixia y volver a ser una sociedad ética y moralmente viable, hay que aceptarlo.
¿Que podemos salir a la superficie? Por supuesto. La capacidad de reacción social en los momentos de crisis es una constante histórica. Pero debemos hacerlo. Cada vez que haya ocasión para expresar nuestro rechazo a tanto hecho de corrupción, hay que actuar, decidida y contundentemente. Y hacerlo nosotros, la sociedad civil, porque las entidades encargadas del control ya sabemos lo que hacen. Nada. O mejor. Investigan, Y…
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