viernes, 20 de mayo de 2011

Las marchas juveniles

Temístocles Ortega Narváez

Se llenan las plazas de importantes ciudades europeas y latinoamericanas con nutridas manifestaciones de jóvenes mujeres y hombres protestando por la situación social y económica de sus respectivos países. No son marchas partidistas. Ni siquiera antigubernamentales. Son la expresión de un bien fundado rechazo al estado de cosas que durante años han padecido millones y millones de seres humanos, como consecuencia de la exclusión, la inequidad, la ausencia de oportunidades que el sistema capitalista global ha venido incubando por todas partes.
No es solamente la situación angustiosa de miles y miles de jóvenes que no alcanzan a divisar en el horizonte la estabilidad suficiente para progresar y realizarse. Esa sería una pretensión específica con dosis de egoísmo. No. los jóvenes están marchando por la sociedad toda. Porque advierten con una gran generosidad y madurez, que sus dolencias y aspiraciones, son las mismas del conjunto de la comunidad a la que pertenecen. Y más aún, saben y entienden que hay sectores sociales que sufren peores consecuencias que las que padecen ellos mismos.
Y no estamos hablando de países del tercer mundo, donde la pobreza y la miseria son sus características visibles. Las marchas juveniles se están librando en las capitales europeas en donde, pese a todo, los Estados y la economía ofrecen posibilidades de bienestar y realización laboral y profesional. Qué diremos de países como los nuestros, en los que las escasas oportunidades están atadas a la presencia del dinero, las influencias y la política, sin las cuales resulta imposible a un joven con talento y formación abrirse paso y construir gracias al mérito su proyecto de vida.
Los efectos de estas marchas, como toda expresión social con tendencia al cambio, se sentirán lentamente. Tardarán un tiempo en llegar hasta nosotros. Pero ya empezaron y llegarán. Cómo será de importante y necesario que nuestros jóvenes, que muestran ya señas de beligerancia, cansancio y hastío con lo que aquí pasa, agilizaran su llegada y encabezaran la protesta social como herramienta de trasformación y cambio.
***
A propósito, recorrí las instalaciones del claustro de Santo Domingo a instancias de un necesario e importante seminario sobre el Nuevo Código administrativo y con tristeza encontré puertas cerradas con candados por todas partes. Recordé un afiche elaborado por antiguos estudiantes de diseño gráfico, que muestra una cerradura con siete potentes candados y una leyenda: “Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez! Patético!
El Contralor Departamental invita a la Rendición de Cuentas. Por razones laborales, me la pierdo. Pregúntele cuántos fallos se han producido por corrupción. Porque no pueden decir que aquí no pasa nada. Informes técnicos, planes de mejoramiento, discurso de control social, visitas municipales y hasta normas ISO, si bien son necesarios, son pura carpintería. Al servicio de quien?
En cierto Concejo Municipal un grupo de estudiantes de derecho, preguntó por qué se había aprobado un Acuerdo violando el bloque de constitucionalidad. Le respondieron: “Eso no es cierto, aquí no hay ningún bloque, aquí todo el que quiera puede participar”.

No hay comentarios:

Publicar un comentario