viernes, 11 de febrero de 2011
Los planes de desarrollo
Temístocles Ortega Narváez
temisortegan@hotmail.com
Que planificar es una necesidad para asegurar un mejor futuro, nadie lo discute. Así debe hacerse aún en las cosas más elementales. Por ello es saludable, que poco a poco vamos adquiriendo, ojalá con mayor seriedad, la cultura de la planificación del desarrollo en todas las instituciones públicas. En ese contexto, haber inscrito desde la propia Constituciòn Política, el mandato de legislar para darle al país, por ahora al menos cada cuatro años, un plan de desarrollo, resulta altamente benéfico para todos.
Otra cosa, es que estos planes acierten en el diagnóstico de la compleja realidad nacional, formulen las estrategias y programas para transformarla en favor de los más necesitados y sobre todo, que exista la voluntad política para producir los cambios que demanda la sociedad colombiana.
Por ello, no debemos solamente limitarnos a leer o escuchar las, a veces tan publicitadas, bondades de un plan de desarrollo. Debemos sí, asumirlas críticamente. Hacer el necesario seguimiento para confirmar si se traducen en hechos concretos, por ejemplo en el presupuesto nacional, o en las políticas y proyectos sectoriales que inciden en la vida cuotidiana de la gente.
Ello es tan cierto que, en lo que toca con nuestro departamento, pues hemos tenido y seguramente aplaudido muchos planes en el pasado. Pero nuestra realidad es tan dramática, que bien podemos afirmar que de muy poco nos han servido. Los últimos informes de organismos de Naciones Unidas en temas de desarrollo, nos ubican como uno de los cuatro departamentos más pobres y atrasados del país. Esa es la cruda realidad.
Ahora, que hay que seguir insistiendo y exigiendo inversión pública en proyectos largamente esperados, claro que sí. Quien podría decir lo contrario. Es algo absolutamente elemental. Entre otras cosas, porque algunos de esos proyectos hacen parte de las grandes obras que el país requiere con urgencia para conectarse con el mundo, ahora que se acelera el proceso de firma de tratados de libre comercio con diferentes países, con los que no seríamos competitivos, si no superamos nuestro vergonzoso atraso en infraestructura vial, energética y demás. De modo que algunos proyectos en marcha, obedecen más a esas circunstancias, que a la generosidad gubernamental o a la tesonera labor de nuestros dirigentes. Si se tratase únicamente de esto último, con seguridad que la espera seguiría indefinida.
El comentario patojo atribuye a uno de nuestros Expresidentes, la frase según la cual es preferible un milímetro de Ministro, que cien kilómetros de planes de desarrollo. La realidad, nos demuestra que es verdad. Antioquía, Bogotá, el eje cafetero, han contado en los últimos años con grandes inversiones en diferentes frentes, sin necesidad de planes. Nosotros, debemos aceptar con humildad, que además de nuestra pobreza, o quizá por ella, ya ni para Alcalde o Gobernador conseguimos candidatos.
Además de la lucha por mayor inversión pública, los payaneses y caucanos debemos ser conscientes de que en el concierto nacional no somos lo que ilusamente nos creemos. Ello no significa que no podamos serlo. Pero no como vamos.
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