viernes, 10 de diciembre de 2010

Obliguémoslos a pensar

Por Temístocles Ortega Narváez
temisortegan@hotmail.com


Ejercer el poder no es nada fácil. La complejidad de la condición humana lo dificulta. La carencia o precariedad de valores en la sociedad lo obstaculiza. Las imposiciones del sistema al que se pertenece elimina o reduce enormemente la capacidad de maniobra. Todo o casi todo se confabula para que su ejercicio sea nulo o poco útil. “El poder para qué”, dijo un ex presidente. Quizá tenía razón. Porque la historia nos muestra que los avances en los temas que realmente importan son mínimos. Parece que el poder se ejerce para mantener el statu quo. Para que nada cambie. Por ello la gente se desencanta. Y cada quien se las arregla como puede. Hasta pierde la fe. Lo grave de esto es que, al fin y al cabo, alguien tiene que ejercerlo, y si quien lo hace, no tiene compromiso honesto y real con las transformaciones que toda sociedad demanda, sencillamente las comunidades se estancan, atrasan, se rezagan.
Algo así debe pasar entre nosotros. Definitivamente, elegir para que todo siga igual no tiene sentido. Sí los elegidos no arriesgan, no imaginan, nuestra actual estructura política e institucional no está diseñada para producir cambios significativos. Las circunstancias económicas y sociales de hoy, no tienen por qué modificarse sustancialmente. Nada se hace para que ello ocurra. Por el contrario, el estado de cosas, se reproduce indefinidamente y genera por tanto mayores desequilibrios e inequidad.
Se hace necesario hablar claro. Muchas instituciones, empezando por los entes territoriales, no son hoy factor de desarrollo. Por lo menos no, como el incremento de los problemas lo demanda. El centralismo es exagerado. Todo hay que pedirlo hasta la humillación, en Bogotá. Y no se trata solamente de recursos financieros, porque ahora dirán que las regalías los mejoran. No, se trata de las potencialidades naturales y humanas de cada territorio forzadas a explotarse de la forma y ritmo que impone la metrópoli, sin ninguna autonomía real.
Estos son los temas de fondo, los que deberían ocupar la atención de dirigentes de todos los sectores. Los que hay que meter en la agenda y en la discusión constante. Lo demás, aunque necesario, porque la vida hay que seguirla, es lo que siempre se ha hecho. Y repitámoslo, insistir solamente en lo mismo de siempre, ni siquiera toca la epidermis de los cosas que debemos cambiar.
Cómo sería de importante y útil que al lado de los temas que ya conocemos: salud, educación, vivienda, recreación, empleo, agro y demás, sobre los cuales se montan todas las promesas electorales, pudiésemos escuchar opiniones sobre las reformas estructurales al Estado para intentar las modificaciones económicas y sociales que todos estamos demandando. Exijamos esto a los candidatos, para forzar su compromiso y creatividad e introducirle a las campañas elementos que las alejen de tanto tedio, politiquería y mediocridad que han sido sus características constantes.
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La Procuraduría de manera tímida y preocupante ha impuesto unas leves sanciones a funcionarios investigados. Cuándo habrá alguna noticia de la Fiscalía?

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