Por Temístocles Ortega Narváez.
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La definición de la contienda presidencial va camino de la segunda vuelta, lo que significa que cobran mayor valor alianzas y acuerdos. Esto tiene tanto de ancho como de largo. Porque pueden primar los acuerdos burocráticos sobre los programáticos desdibujando la naturaleza de las campañas, eliminando la posibilidad de dignificar la política y comprometiendo la acción del futuro gobierno. Lo ideal sería la generación de un amplio acuerdo programático que, valga decirlo, necesita el país para hacer frente a tanta dificultad en numerosos frentes.
Ejemplos de acuerdos existen en numerosas partes del mundo. Ente nosotros, baste citar el del Frente Nacional , que so pretexto de apaciguar la nación, cercenó la democracia e incubó el estado de cosas que hoy tenemos. Hubo otros que vale la pena recalcar, el de la Moncloa por ejemplo, en la transición española, que congregó gobierno, partidos, dirigencia gremial y sindical y es referente obligado para analizar la España moderna. No tenemos todavía esos alcances. Entre nosotros hay mucha mezquindad.
Pero acuerdos habrán, porque cada partido tiene su propia visión de sociedad, estado, nación y propuesta de gobierno y querrá con legítimo derecho que ellas hagan parte del conjunto de políticas públicas que diseñarán la Colombia del futuro.
Pero mientras eso ocurre, las propias campañas deben reacomodar sus estrategias para posicionarse mejor en la primera vuelta. Las opciones con mayores posibilidades deben rápidamente hacer reingeniería para aprovechar al máximo los últimos días. Y sobre todo la de Antanas, por cuanto carece de la maquinaria que caracteriza las otras y tiene mucha simpatía en aquellos sectores no familiarizados con la mecánica electoral.
Allí hay que asumir acciones ya. Estos no son tiempos de reflexiones académicas, ni discursos para cambiar el país. Existe un amplio sentimiento colectivo que se está expresando sin necesidad de estructura y que sólo requiere un mínimo de organización para llegar a las urnas. La dirigencia debe tener la capacidad de entender lo que está pasando y actuar en consecuencia. Hay que ser altísimamente ejecutivos.
Una primera acción, se me ocurre, es actuar unificadamente. Pero en la práctica, no en la teoría. Si un slogan de la campaña es La Unión Hace la Fuerza, pues que en la ciudad y en los municipios las gentes puedan ver a todos los grupos y sectores que acompañan la candidatura, realmente unidos, para que se sienta la fortaleza que representa tanto ciudadano del común, dirigente cívico, comunitario, empresarial o político que impulsa la candidatura. Y para que así se reafirme cada ciudadano en su compromiso con la causa.
Las otras candidaturas, tienen, si se quiere, desde la perspectiva electoral, la fortaleza de contar entre sus amigos a los directorios, expertos en hacer elecciones y a muchos empleados públicos con poder, que lo están utilizando y que no requieren de esfuerzos mayores para llevar electores a votar. La ola verde existe, pero no hay que confiarse demasiado, porque las olas tienen su cresta, pero también se estrellan.
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