Por Temístocles Ortega Narváez
orteganarvaez@gmail.com
Cuando todo presagiaba una contienda electoral por la Presidencia de la República, dijéramos que en condiciones conocidas, entendidas estas, como la disputa entre candidatos de los partidos tradicionales, algo si se quiere no esperado, ha calificado la competencia por el Primer Cargo de la nación y le ha dado otra connotación al debate.
Al parecer no se trata solamente de la definición entre la continuidad o no de un estilo o de una política de gobierno, como a veces se pretende simplificar lo que está ocurriendo. Creo que por primera vez, estamos presenciando un punto de inflexión en la política colombiana. Claro, hay opiniones diversas y hasta contradictorias con respecto a la actual obra de gobierno y ello sin duda tiene una especial importancia en la decisión del elector. Pero algo diferente y nuevo está ocurriendo y ello va a definir la sucesión presidencial. Habrá que ver si esa especie de intangible con aire renovador que penetró en la atmosfera nacional tiene la capacidad de bajar a tierra firme, consolidarse y expresarse en las urnas que es donde se gana una elección.
Y me refiero a una especie de acumulado histórico, que ha venido inventariándose en la sociedad colombiana, en el alma misma de cada ciudadano y hoy quiere expresarse libremente, sin ataduras, sin cálculos, buscando simplemente hacerse oír, sentir.
Una guerra de más de medio siglo, que se intenta negar, minimizar, pero que está ahí, causando muerte, pobreza, desesperanza. Una situación social angustiante. Millones de compatriotas en la miseria. Niños desde que nacen, sin derecho al futuro. Un Estado ineficiente, caótico, colocado solamente al servicio de un puñado de poderosos y avivatos. Un nivel de corrupción y de politiquería que convirtió toda esta nación en una verdadera alcantarilla. Una dirigencia mafiosa, no solamente por su proximidad con el narcotráfico y la delincuencia, sino por la forma como opera, creando círculos cerrados que se reparten todo y se autoprotegen en medio del cinismo, la mezquindad y la mediocridad.
Ahí está todo ese acumulado que hoy al parecer ha rebozado la copa de la paciencia, la indiferencia y que impulsa aún a los mas incrédulos a manifestarse, a opinar, a actuar para no permitir que esto continúe y darle una nueva oportunidad a este país.
Pero todo está por verse, la consolidación de este proceso, dependerá también de quienes están al frente de la ola refrescante que recorre el país, de los demás sectores y hasta de los mas anónimos, que están asumiendo este reto esperanzador, para no permitir más que unos cuantos politiqueritos de poca monta, apodados de jefes, acaben con el patrimonio y el futuro de todos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario